Historia del Sodalicio

Los inicios del peregrinar de fe del Sodalicio se remontan a finales de la década de los 60, un tiempo de crisis, de cuestionamiento de estructuras sociales, de muchos problemas, pero también de grandes esperanzas. La Iglesia acababa de concluir el Concilio Vaticano II y junto con las riquezas y la renovación que había traído esta intensa experiencia eclesial, se presentaron —no a causa del Concilio— las primeras expresiones de una dolorosa crisis en el Pueblo de Dios.

La gran riqueza del Concilio también se expresó en América Latina en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín en 1968. Esta Conferencia marcaría hondamente la vida de la Iglesia en el subcontinente y abriría nuevos horizontes de compromiso eclesial.

A la luz de estos y otros acontecimientos, el proceso de los inicios del Sodalicio fue de búsqueda y respuesta. Partió de la experiencia de inconformidad de un grupo de jóvenes con la situación del mundo, en especial de los más pobres y necesitados, y con el anhelo de que esta situación cambie para forjar una sociedad en la que cada ser humano pudiese vivir en libertad y de acuerdo a su dignidad de persona.

El 8 de diciembre de 1971 se funda el Sodalicio de Vida Cristiana. Es un hito muy importante en el inicio del peregrinar. La intención original brotaba de la convicción de que el Espíritu Santo estaba impulsando a los laicos a asumir un activo compromiso apostólico desde la llamada universal a la santidad.

En los años que siguen a 1971 va madurando una comunidad que trata de vivir las consecuencias del bautismo en la vida cotidiana y que experimenta una clara vocación apostólica. Se van configurando y desarrollando las intuiciones pedagógicas fundantes, plasmándose en diversos programas y sistemas de retiros, ejercicios espirituales y experiencias de encuentro fraterno. Asimismo, se va avanzando hacia la plasmación de una comunidad fraterna de laicos consagrados, sacerdotes y matrimonios entregados al apostolado.

El proceso de maduración de la comunidad se realiza bajo la atenta mirada de los Pastores y en comunión con ellos. El Cardenal Juan Landázuri Ricketts, O.F.M., entonces Arzobispo de Lima y Primado del Perú, alentó desde los comienzos a la joven comunidad y en 1977 concedió su aprobación al Sodalitium Christianae Vitae como pía sociedad.

En el desarrollo de la propia respuesta espiritual son muy importantes las influencias del Beato Guillermo José Chaminade y de la escuela francesa de espiritualidad, así como de San Ignacio de Loyola, acompañado por la experiencia de otros testigos de la Reforma Española, a las que se va sumando el rico aporte cisterciense y de los Padres de la Iglesia en la forja de una espiritualidad nueva, impregnada por la experiencia del propio caminar de cara al presente y al futuro.

Con el correr de los años las iniciativas apostólicas del Sodalicio se multiplican. Se va perfilando más claramente un estilo apostólico dinámico, atento a los signos de los tiempos y a las características de la sociedad de hoy que encuentra una respuesta entusiasta en los jóvenes. Se trata de una experiencia de fe situada en un contexto concreto pero abierta a la dimensión universal. En esa época la plena adhesión a las enseñanzas sociales de la Iglesia, que acompaña desde los inicios a los integrantes del Sodalicio, lleva a que se desarrolle en cada vez mayor profundidad el compromiso solidario con los pobres, siempre desde el Evangelio. La conciencia creciente de las rupturas entre fe y vida diaria, la amenaza del secularismo y de ideologías como el marxismo y el liberalismo, así como la convicción de la importancia de la cultura en la vida personal y social conducen a una creciente opción por la evangelización de la cultura.

Bajo el influjo del Espíritu Santo el Sodalicio fue creciendo y madurando siempre bajo la compañía de sacerdotes y obispos. Así, desde su lugar de origen en el Perú, se fue extendiendo a diversos países del continente americano y Europa.

En 1994, siendo Arzobispo de Lima el Cardenal Augusto Vargas Alzamora S.J., el Sodalitium recibió su aprobación como Sociedad de Vida Apostólica de derecho diocesano. Tres años después, el 8 de julio de 1997, el entonces Papa, San Juan Pablo II, daba su aprobación al Sodalicio de Vida Cristiana, convirtiéndose así en Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio.