Alessandro Moroni: “Que María Inmaculada nos conduzca en esta nueva etapa de Revisión, Renovación y Reconciliación”

Roma, 07/12/15 (Noticias del Sodalicio– Italia). En una carta dirigida a los miembros del Sodalicio el Superior General, Alessandro Moroni, compartió desde Roma unas reflexiones al cumplirse 44 años de la familia espiritual.

Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio

En su mensaje, Moroni expresa cómo esta fecha en que conmemoramos la Inmaculada Concepción y tenemos presente de manera especial a nuestra Madre María, es una ocasión propicia para renovar nuestra fe: «creo profundamente en la Providencia de Dios y que el Señor habla a través del susurro de una “suave brisa”, como son las personas y circunstancias, sean éstas cuales fueran, incluso a veces desconcertantes; y evidentemente, a través de la oración y los sacramentos. Así es nuestro buen Dios».

La carta recuerda cómo el dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado en medio de una época muy dura y difícil para la Iglesia. Refiere cómo el Papa Pio IX le comentaba abatido al Cardenal Lambruschini: “No le encuentro solución humana a esta situación”. Frente a ello, el Cardenal le respondió: “Pues busquemos una solución divina. Defina el dogma de la Inmaculada Concepción”. Así, tras las debidas consultas, se proclamó el dogma el 8 de diciembre de 1854. «¿Cuántas veces hemos creído, sin negar la necesaria colaboración humana, que las cosas se iban a solucionar fruto de nuestro trabajo y estrategia?» invita a examinar Alessandro, y añade: «creo que han sido muchas, tal vez demasiadas; cuando la solución de fondo a las cosas siempre es divina, ¡siempre!», invitando así a trabajar con generosidad y entrega, y a la vez con la confianza firmemente puesta en Dios.

«Hemos nacido el día de la “Purísima”, y en ello habita una semilla discreta de solución a nuestros problemas y desafíos. ¿No nos dijo acaso en ese mensaje enviado por el Santo Padre a todos los sodálites de febrero del 2014: “siempre de la mano de la Madre”?». Por eso, continúa la carta, «Hoy más que nunca debemos tomarnos de la mano de María, de aquella que siempre conduce a Jesús. Hoy nos podemos sentir defraudados, traicionados, tristes y con incertidumbre; y esos sentimientos —que no podemos negar ni pasar por alto—más que nunca debemos llevarlos al altar de María Inmaculada y decirle: “Querida Madre, tu que nos viste nacer un 8 de diciembre, encárgate de nosotros…haznos recorrer las sendas que nos llevan a Jesús… no las nuestras, sino las que llevan a Él”».

El Superior del Sodalicio recuerda también que, providencialmente, días antes del anuncio del nombramiento del Visitador Apostólico para el Sodalicio, visitó el Santuario de Lourdes. «Fueron horas conmovedoras de cercanía a María y de tener un acercamiento espiritual a Bernardette de Soubirous, la pequeña joven escogida por la Virgen para traernos un mensaje. A ella le dijo el 25 de marzo de 1858 “Yo soy la Inmaculada Concepción”». Recordando la acción de María y la actitud que debemos tener ante ella, añade: «Esta pequeña joven de 14 años, pobre e ignorante, es escogida por la Virgen. Pero no solo es pobre e ignorante, sino que tiene un amor a la verdad, a Dios, que la mantiene incólume frente a los distintos sufrimientos que el privilegio de este llamado la someterán. Habla de penitencia y que todo lo ofrece por los pecados de tantos».

«Qué lección de esta pequeña… Jesús y María siempre van juntos, Él nos señala a la Madre, y ella nos conduce hasta a Él. Ahí está la felicidad, en el encuentro con Jesús de la mano de la Madre» explica Moroni, y en seguida exhorta: «Creo que es el momento, queridos amigos, que ofrezcamos nuestros sufrimientos, que nos tomemos de la mano de la Virgen, que sea este inicio del año de la Misericordia un tiempo de purificación. Nuestros ofrecimientos y penitencias no serán desoídos por un Dios tan bondadoso».

Relatando su reciente audiencia privada con el Papa Francisco, el jueves 3 de diciembre, Alessandro explica que fue «un diálogo sencillo y claro, lleno de bondad y preocupación, donde le narré la situación por la que atravesamos y le pedí consejo y ayuda». Entre varios consejos el Papa «me habló de la vergüenza que podemos sentir, y lo bien que hace sentir vergüenza. De hecho, me he quedado pensando en ello», acota. La vergüenza «es una oportunidad para nosotros para poder construir sobre la única roca sobre la que se puede construir, que es Jesús, quien es la verdad personal y comunitaria que necesitamos, y así empezar a recorrer juntos el camino de la Revisión, la Renovación y la Reconciliación que hemos planteado» concluyó.

En su carta le pide a los sodálites «que acojamos con entusiasmo el llamado de Pedro a vivir este año de la Misericordia, profundizando cada día más en el rostro misericordioso del Padre, que es el Señor Jesús». Añadió que «Dios también nos habla y nos muestra su manera de obrar: nos dice que no hay pecado ni ruptura tan grande que Él no pueda reconciliar, que Él siempre será misericordioso, pero que para hacerlo necesita de nuestra pobre colaboración humana. Que ésta se dio en el sí de la Virgen, y en nuestro caso debe ser por la pobre entrega de nuestros “dos peces y cinco panes”».

«No es gratuito tampoco que este 8 de diciembre celebremos también el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, del cual nos sentimos hijos. Debemos ser parte de ese aire nuevo que Dios ha querido traer a la Iglesia a través del Concilio y del que aún, creo yo, hay mucho que profundizar y entender. Como hay mucho que entender y profundizar aún en nuestro propio carisma» explicó.

Señalando que muchos pasajes de la Escritura nos recuerdan el obrar misericordioso de Dios, pidió seguir muy de cerca al Papa, quien al convocar este año especial nos dice: «La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo».

En continuidad con el llamado que viene haciendo a un proceso de reconciliación, Moroni explica que «la reconciliación es el don más preciado que el hombre, caído y pecador, ha recibido de manos de Dios como la expresión más hermosa de su misericordia para con nosotros. La misericordia de Dios no oculta la gravedad del pecado, ni minimiza la brutalidad de las rupturas. La misericordia de Dios no es una expresión del corazón de Dios que nos dice: “da lo mismo, yo lo arreglo, no te preocupes”, sino que nos muestra la grandeza de su amor asumiendo totalmente las consecuencias del pecado en la Encarnación del Verbo, quien se hizo hombre por amor y nos reconcilió a través de su Cruz y Resurrección. La vivencia de la dinámica reconciliadora no oculta la realidad, sino que la asume desde la cruz, y en ella es redimida».

Culminó su carta invitando a mirar a «la Inmaculada, tomándonos de su mano para que sea ella quien nos conduzca en esta nueva etapa de nuestra vida institucional marcada por la Revisión, la Renovación y la Reconciliación».