“La Reconciliación implica liberación del pecado y acogida del Don de Dios”

Lima, 24/10/13 (Noticias sodálites – Perú).  El miércoles 23 de octubre se realizó la octava y última sesión del curso de vida espiritual organizado por el Movimiento de Vida Cristiana, con el tema ‘La Reconciliación’ la cual estuvo a cargo de Rafael Ísmodes, Superior Regional del Sodalicio de Vida Cristiana en Perú.

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Rafael Ísmodes, miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, introdujo el tema explicando que “la reconciliación es como el ADN de la espiritualidad sodálite. Esto significa que no se entiende la espiritualidad sodálite sin la reconciliación. Está metido en nuestra mirada, en nuestra visión apostólica, en nuestro mismo proceso de conversión. Es algo que figura constantemente y es una actividad que no termina. Ésta es una actividad de la que siempre necesitamos mayor reconciliación”, añadió.

Luego, al explicar la ruptura en el ser humano causada por el pecado —en cuatro niveles: con Dios, uno mismo, los demás y la Creación—, Ísmodes repasó las diversas “conductas que nos van mostrando la necesidad de la reconciliación y que, por otro lado, ésta se nos hace lejana o parecería estar lejana a nuestra experiencia”. Al respecto ofreció ejemplos prácticos como el tráfico, el desorden, el ruido que se mezclan en la cotidianeidad especialmente de la vida en una ciudad como Lima.

Ísmodes también repasó con los asistentes el significado de la palabra Reconciliación a través de sus orígenes en los idiomas griego y latín así como en sus acepciones modernas. Por lo tanto reflexionó que “reconciliar exige, en primer lugar, un cambio entre dos partes, un cambio hacia mejor”. En segundo lugar reconoció que “significa rehacer, recomponer y volver a una amistad antigua”. Y en tercer lugar advirtió que “la reconciliación no se da por inercia sino que exige una actividad, una dinámica. La Reconciliación no es un fruto del tiempo”.

“Todo lo que esta sabiduría humana nos pueda ofrecer se queda corta con respecto a lo que Dios puede ofrecer hacia nuestra reconciliación”, resaltó Rafael Ísmodes al tocar sobre el tema de la reconciliación presente en las Sagradas Escrituras. De esta manera mencionó que, a pesar de no estar tan presente en el Nuevo Testamento, “en el Antiguo Testamento la expiación y reconciliación están íntimamente relacionadas”. A la luz del Nuevo Testamento Ísmodes explicó que la relación que la reconciliación tiene con la misericordia pues es “un Don que pide tu respuesta y, ¿cuál será la respuesta? La respuesta necesaria es mi conversión porque he sido reconciliado”.

A través de los primeros santos y junto al Magisterio de la Iglesia Rafael Ísmodes explicó la manera en la que el tema de reconciliación llegó a la espiritualidad sodálite recordando que “la Reconciliación implica liberación del pecado y acogida del Don de la novedad de Dios; liberación de lo malo que es el despojarnos del hombre viejo y revestirnos del hombre bueno”. Invitó también a los presentes a repasar textos del Magisterio como los del Concilio Vaticano II que hace un llamado claro y fuerte a los miembros de la Iglesia a vivir la reconciliación. También recordó que el Papa Juan Pablo II fue un apóstol de la Reconciliación quien nos invitó a ser artesanos de la misma, viviéndola en primera persona y con los demás —un llamado que con su estilo propio Benedicto XVI y Francisco han hecho—.

Finalmente, Ísmodes concluyó la plática invitando a los asistentes a vivir la santidad resaltando que “la santidad es procurar conformarse con el Señor Jesús”. Con esta plática concluyó el curso de “Viviendo una Espiritualidad” organizado por el Movimiento de Vida Cristiana que inició en setiembre del presente año.

Rafael Ísmodes es miembro del Sodalitium Christianae Vitae (SCV), una sociedad de vida apostólica integrada por laicos y sacerdotes que llevan vida fraterna en común, entregan su vida plenamente a Dios y anuncian el Evangelio en las diversas realidades humanas. Se trata de una comunidad eclesial surgida a fines del siglo XX en el cauce del Concilio Vaticano II, acogiendo las orientaciones de los grandes documentos de la Iglesia en este tiempo. Fue aprobado definitivamente como sociedad de derecho pontificio por el Beato Papa Juan Pablo II en el año 1997.