Vida Espiritual

El sodálite busca en su vida responder a la invitación que Dios hace a todo ser humano a alcanzar la santidad. Reconociendo el llamado particular de Dios a una entrega plena, avanza por un camino espiritual de encuentro y configuración con el Señor Jesús por medio de la piedad filial a Santa María. Es un proceso que implica una conciencia viva de la verdad acerca de la propia persona que lleva a vivir en humildad, y que lo lanza a vivir la caridad y participar activamente en el anuncio de la Buena Nueva a todo el mundo.

Dentro de la comunión de la Iglesia el Sodalitium posee su propia espiritualidad, disciplina y estilo. De este modo sus miembros tienen los medios apropiados para fortalecer y consolidar su vida cristiana, así como su plena disponibilidad para servir el Plan de Dios.

Por otro lado, según su llamado específico, cada sodálite participa intensamente de la misión evangelizadora de la Iglesia, buscando que la Buena Nueva alcance y transforme todo aquello que está en contraste con la Palabra de Dios y con su plan de salvación.

Como señalan sus Constituciones, los sodálites «creen que en la economía de la reconciliación la iniciativa es de Dios Amor. Haciendo recto uso de su libertad, el hombre acoge esa iniciativa y la comunica. El infinito amor de Dios conduce al Hijo de Santa María, el Verbo Eterno encarnado, a reconciliar a la humanidad con Dios y a servir a los hombres de modelo reconciliador, anunciando la Buena Nueva, por su vida, hechos y palabras. En el altar de la reconciliación explicita la misión de Santa María de ser Madre nuestra. Como la Virgen coopera con el Espíritu Santo en el misterio de la Anunciación-Encarnación, también coopera en la forja de la naciente Iglesia y sigue haciéndolo hoy».

Caminando en compañía de María, los sodálites aprenden a vivir el horizonte pleno de la vida cristiana, buscando convertir su vida y su trabajo en gesto litúrgico. Movidos por el anhelo de anunciar al Señor, participan en la obra apostólica de Santa María, siguiendo su ejemplo y cooperando con la acción de Dios bajo su guía maternal.

Buscar la santidad, con todo lo que ello implica, es una meta central en la vida sodálite, que a la vez está íntimamente relacionada con el llamado universal a evangelizar.