El fútbol, simple y complejo

El pasado 13 de octubre se jugó la segunda fecha de las clasificatorias sudamericanas para el Mundial de Fútbol Qatar 2022. Sudamérica tiene probablemente las eliminatorias más difíciles del mundo, pues son muchos países con buen nivel de fútbol y pocos cupos.

Un partido en particular generó polémica: el de la selección peruana contra la selección de mi país. Perú jugó muy bien contra Brasil. El árbitro se equivocó en el segundo penal, lo que puede haber sido determinante para el resultado final. Se entiende que situaciones así puedan movernos interiormente. Pero no creo que su error sea fruto de su nacionalidad o de haberse vendido. Pienso que fue una equivocación que en ese caso favoreció a Brasil. El VAR debiera minimizar los errores, pero en ese caso lo agravó.

Ricardo Gareca me parece un gran entrenador. Logra sacar muchísimo rendimiento de la selección peruana, sin tantas estrellas. Si sigue por ese camino, tiene muchas opciones de volver a clasificarse para el Mundial. Pero tengamos presente que el fútbol exalta pasiones. Es un juego “simple y complejo a la vez”, como decía San Juan Pablo II. Las reacciones que nos genera también son simples y complejas. Hay que tener atención. En el calor del momento podemos decir cosas inapropiadas y ofensivas.

Los brasileños no nos apasionamos tanto por la selección. Sí por nuestros equipos. En mi caso, el Flamengo. Entiendo perfectamente como aquellas pasiones pueden jugarnos malas pasadas. Admiro como los peruanos se unen alrededor de la blanquirroja. Pero acordémonos que los serios problemas de nuestros países se arreglan en otras canchas.

Como en todo, en el fútbol hay gracia y pecado. Hay personas humanas involucradas. Démosle su debida importancia, pero siempre teniendo clara las prioridades de nuestra vida y de nuestras naciones. Es mejor perder un partido que perder nuestra razón, nuestro control emocional o nuestra vida de gracia. Disfrutemos del deporte, para que sea motivo de unión y crecimiento y no al revés.

Alexandre Borges es natural de Rio de Janeiro (Brasil) es bachiller en Sagrada Teología y licenciado en Pedagogía. Durante todo su trabajo apostólico, ha tenido un gran interés personal en el deporte y la relación muy cercana que tiene con la fe cristiana. Por ello, decidió desarrollar reflexiones que pudieran aportar en algo a través de su obra «Deporte y compromiso cristiano». Actualmente es Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana.