«Dejar el hogar antes de dejar este mundo es morir dos veces». ¡Hablemos de cuidados paliativos!

Blog - Álvaro Díaz - Morir dos veces eutanasia

Por: Álvaro Díaz. (Tomado de Catholic-Link)

Esta campaña publicitaria llamada «Dying twice» que les mostraremos en este post realmente me cuestionó. Dura solo 30 segundos e invita a una reflexión profunda sobre los cuidados paliativos.

Es realizada por una fundación canadiense que promueve esta opción en el hogar, especialmente ayudando a las personas con enfermedades terminales a aliviar su sufrimiento durante la última etapa de sus vidas.

El slogan de la campaña es que «tener que dejar el hogar antes de dejar este mundo es morir dos veces». Es decir morir en una institución clínica— puede ser una experiencia de mayor sufrimiento que se suma a lo difícil que es la transición de dejar este mundo, no solo para el enfermo, sino para su familia.

La dicha de estar rodeado de tus seres queridos en ese momento

Les puedo compartir un poco desde la experiencia de cuidar a enfermos de estas características, que uno de los aspectos más valorados por los pacientes para el momento final de sus vidas es: estar rodeados de sus seres queridos, en un ambiente amable, confortable, tranquilo.

Es lo que la mayoría de los seres humanos podemos desear cuando pensamos que deseamos morir en paz y con dignidad: experimentarnos acompañados, amados y cuidados.

Los lugares donde se ofrece este servicio son una alternativa muy valiosa. Poder acompañar a los enfermos en etapas tan difíciles y ayudarlos a sentir alivio a su sufrimiento no solo físico sino psico espiritual, es un tesoro.

Sin embargo, hay muchos países que no cuentan con la formación, la consciencia y la educación al respecto. Y mucho menos con recursos para poder ofrecer este tipo de servicios que puedan garantizar un buen acompañamiento paliativo en los hogares.

Hablemos de un limitante en especial

Hago hincapié en que uno de los factores que limita este tipo de cuidado a los enfermos, son las concepciones culturales sobre la enfermedad y la muerte. Que pueden partir de los mismos pacientes o sus familiares de no aceptar el sufrimiento o incluso la realidad de morir.

Esta es la razón por la que buscan de maneras desesperadas posibilidades de curación, llegando a demandar desproporcionadamente servicios de salud que no pueden modificar la naturaleza de la vida.

Esto es lo que en ocasiones tristemente he percibido, que algunas personas mueren en hospitales, rodeados de aparatos en vez de estar rodeados de sus familiares y sus personas más queridas.

Y con esto no quiero decir que no siga existiendo la posibilidad de que ocurran muertes en los hospitales, me refiero a aquellas circunstancias en las que ya se prevé que incluso con toda la tecnología o la disponibilidad de recursos científicos, no puede cambiarse el pronóstico de una enfermedad.

Esto sucede especialmente en las etapas finales y puede ser ocasión para coordinar un plan de cuidados en casa. Muchas cosas cambiarían si supiéramos en realidad lo que significan los cuidados paliativos.

¿Ya no hay nada por hacer?

Estos pueden ser los momentos en los que muchos piensan que «ya no hay nada por hacer», haciendo referencia a que no hay medicinas que curen o terapias disponibles para recuperar la salud del cuerpo. Lo que me parece una media verdad o más bien un concepto errado e incompleto.

Lamentablemente se nos olvida que siempre habrá mucho por hacer. Quizá no movidos por un resultado de aparente éxito desde nuestra mirada tan reducida de lo que significa la salud (que no es solo la física).

Puede ser una ocasión para hacer cosas muy valiosas por estas personas que sienten el peso de su fragilidad, no solo en su dimensión biológica. ¡Recordemos que el cuerpo no es el único que muere, y si esa muerte no se puede resolver hay dimensiones más profundas que sí pueden aún ser rescatadas!

Son estos momentos los que nos recuerdan que hay una terapia a veces olvidada que nos puede venir muy bien en estas etapas de enfermedad, y es el amor. El amor de los más cercanos, el amor que se recibe muchas veces en el calor de hogar.

Si bien el resultado puede no ser la curación plena de la salud física, será un bálsamo para las afecciones del corazón y del espíritu, tan necesarias también de ser aliviadas.

Un alivio para sobrellevar el sufrimiento

Aunque las condiciones no siempre serán las ideales en casa, estar cerca de los que amamos y de los que nos aman, puede ser un gran alivio para ayudar a sobrellevar muchos de los sufrimientos y a traer más «vida» incluso a pesar de estar muriendo.

En este sentido me parecen muy elocuentes las palabras del Papa en días anteriores en su mensaje para la próxima jornada mundial del enfermo en febrero:

«La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano».

Álvaro Díaz Díaz, nacido en Medellín, Colombia en 1985. Laico consagrado miembro del Sodalicio de Vida Cristiana desde 2009. Es médico internista de la Universidad CES (Medellín, Colombia). Trabaja como médico en el área de Cuidados Paliativos en la ciudad de Cali, Colombia.