10 reglas para la vida… frutos de la cosecha

Blog sodálite - Bernardo Marulanda - 10 reglas para la vida

Por: Bernardo Marulanda. (Tomado del blog Me cuestiona la vida)

Experiencias, reflexiones, oraciones, lecturas, diálogos, tantos caminos que el Señor va poniendo para irnos educando y enseñando… a los frutos de esto, es lo que llamo cosecha. Y algo quisiera compartir con ustedes. Quisiera plantear algunas ideas que he descubierto como caminos de vida, como ideas fuerzas que me podrían ayudar a mí y a otros a mantenerse en El Camino, en Jesús.

1. Integridad antes de todo

Sea el camino que lleves, ¿de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma? La integridad es algo indispensable, porque simplemente es lo que te permite mirarte al espejo y estar tranquilo, mirar a la cara a las personas y poder sonreír. Si pierdes la paz, si no estás tranquilo a solas, si el remordimiento no te deja dormir ¿Cómo continuar? Por eso sé sincero contigo mismo, anda en la verdad, no te traiciones, no vayas en contra de tu conciencia, no lleves dos caminos. ¡Ay del hombre dividido! Y si lo estás, sincérate, asume la verdad, rectifica, pero no sigas viviendo así.

2. Descubre tu Identidad

Es necesario buscar la vocación, el llamado que Dios te ha puesto, los rasgos de tu ser y vivir en ese camino, ayudado por la regla 1, vivir íntegramente de acuerdo a tu identidad. «Conócete a ti mismo», descubre tus capacidades, debilidades, tus puntos fuertes, tu potencialidad y tus limitaciones. Reconoce tu infinita dignidad, recuerda que eres muy digno de ser amado. Aférrate a las ideas fuertes, que descubres como verdades inconmovibles, ello te ayudara en momentos difíciles, serán como la Roca que te fundamenta y te hace resistir tormentas. Parte de tu ser y descubrirás el camino de tu hacer.

3. Caminar por el sendero de la transformación interior

Ante todo camino, proyecto, el plan de tu vida debe pasar por buscar transformar tu interior, llevarlo a plenitud, alcanzar la semejanza que estás llamado a vivir. Sobre todo, como cristianos, buscar tener el Corazón de Jesús. ¡Bienaventurados! No hay nada más importante que esto, porque todo en el mundo es vanidad de vanidades, todo es efímero y todo se esfuma, sin embargo, cuando respondes al anhelo que te llama, a la sed interior que es sed de Dios, sed de ser imagen y semejanza Divina, sed de ser Imagen visible de Dios, sed de ser otro Cristo, entonces alcanzarás la paz interior, no sólo amarás sino que serás amor, alcanzarás aquella paz que va a descansar en el fondo de tu alma…así la vida te siga zarandeando… porque en esta vida no hay paz completa.

4. Acepta las reglas

Somos muy pequeños, somo creaturas, humildes seres, insertos en la inmensidad del mundo, peregrinos que en su mayoría vivirán menos de un siglo, somos únicos e infinitamente valiosos, pero también parte de la humanidad. Hay ciertas reglas, que contienen gran sabiduría, enseñanzas que guardan luces que nos tardarían toda la vida conquistar. Ciertamente hay mucho que no terminamos de comprender, algunos aspectos que se nos asoman como misterios, pero es necesario, en el camino, aceptar sin sospecharlo todo. Existen algunas reglas que no se pueden tocar, que guardan misterios, frente a los cuales siempre es necesario tener respeto y reverencia. No necesitas saber los secretos de la gravedad, para tener cuidado de no caer, de no saltar a la profundidad. Respeta siempre la naturaleza de las cosas, acepta las reglas, cumple las leyes: respeta la vida, no mientas, no robes, no traiciones, no engañes a tu amada(o), no abuses de nada ni de nadie, respeta a tus padres, cuida a tus hijos, que ellos a tu vez te cuidarán.

5. La opción por el Amor

Ante todo, construye, edifica, da lo mejor de ti, por el bien de los demás; busca la amabilidad, la sinceridad, la rectitud, la armonía. Amar en cada momento es el fin en sí mismo, no importa si pierdes algunos medios, algunos éxitos, algunos triunfos sobre los demás, todo esto no importa porque nada fuera de amar es el fin. Quédate con hacer el bien en cada momento, por devolver bien ante mal, por hacer lo correcto, por servir al hermano, por amarlo cueste lo que cueste.

6. Agradécelo todo

No hay nada de lo que tengas que lo hayas construido tu mismo, si algo tienes lo has recibido. Es verdad que has cooperado y que tu obrar merece alabanza, pero recuerda que siempre has edificado sobre lo recibido. Primero edificas sobre quién eres, sobre la identidad que se te ha sido dada, después vas edificando sobre la vida que te ha dado tu familia, sin la que simplemente no hubieras podido desarrollarte, sobre las enseñanzas de tus maestros de vida, sobre la vida de la sociedad de la que eres parte. Agradece lo que tienes, no le des paso, a pensar que podrías tener un poco más, acéptalo, que no es poco. Lo que tienes, es tu base, no te quejes de ello, amalo y camina desde ahí. Recuerda que la meta no va más allá de tus fuerzas, que el Señor sólo te pide lo que puedes dar desde lo que tienes. Recuerda que lo que has recibido es lo necesario para que alcances la plenitud de tu vida.

7. Es necesario vivir reconociendo que la vida es un combate

La vida no es distendida, la vida está en tensión y siempre te reclama, te exige, te impulsa, te reclama dar más. La vida es más como una competencia deportiva que como un campo de diversión. Sin duda, que habrá momentos de reposo, pero no es la dimensión central. No te consientas pensar que la vida debe ser cómoda, divertida, tranquila, no lo reclames como lo natural, no te quejes con los problemas, el dolor, el sufrimiento, no creas que no pueden estar en tu vida, no te desengañes, sino acéptalo. Esto es importante, y cuando sufras, como definitivamente te sucederá, sabrás que esto podría venir, que no es injusticia, sino aquello que sabrías que pasaría, no te rebelarás, no te detendrás, no pensarás en rendirte, en cambiar de camino, en culpar a los demás o culpar a Dios, simplemente acogerás ese momento y pedirás fuerza, porque también sabrás que los momentos difíciles se pueden superar… entonces caminarás, atravesando el dolor, seguirás el camino del Amor.

8. El bien y el mal están como el trigo y la cizaña

En este mundo no hay buenos y malos, no hay nada, ni nadie totalmente bueno, sólo Dios, sólo lo purificado en su Reino Eterno. Por lo demás en este mundo las personas tenemos bondad y maldad, ciertamente mucha más bondad, porque suele ser que este mundo es como una gran superficie blanca con manchas negras. En todo caso, el bien y el mal, están en todos, porque no hay un mundo de buenos y malos, de héroes y villanos, es un mundo en el que el mal, también está dentro de mí. Ante esta realidad debemos ser conscientes que necesitamos pedir perdón, sobre todo a Dios, y también a quién le hayamos hecho mal, así mismo necesitamos perdonar, las veces que sean necesarias. Es necesario ser prudentes en nuestro juicio y no escandalizarnos del mal que puede aparecer en cualquier lado. Para enfrentar el mal es necesaria la misericordia y la justicia, la misericordia que levanta a quién ha hecho mal y la justicia que corrige lo que ha estado mal.

9. Las amistades, son tesoros, las personas son fines

A veces pasamos por alto que estamos rodeados por personas. Su influencia sobre nosotros y la nuestra sobre ellos tienen una gran importancia. No hay que subestimar esta realidad, porque al final relegarla siempre nos cobra algo. En nuestra vida tenemos personas que son importantes, algunas que se han convertido en parte primordial de nuestra vida, incluso algunos son dos personas que se han hecho uno sólo. A cada una de esas personas, cuídalas, protégelas, como a ti mismo. Entre más cercanas al núcleo de tu vida, dales prioridad. Pon mayor empeño en armonizar, en mantener una buena relación, en enriquecerse mutuamente. No escatimes en las relaciones que son para toda la vida, cuida a tus amigos.

10. Contribuye a la sociedad

Me inserto en el mundo y agradezco, acojo, recibo y me dispongo a dar. Dar no es obligación, ni carga, es respuesta que anhela dar mi ser. Algo dentro de mí me impulsa a aportar, a seguir dando los pasos, que no dieron nuestros antepasados, a dar los pasos necesarios, para que las futuras generaciones, puedan dar más. Insertarse en esta dinámica es algo liberador, y en cierta medida, percibimos algo sano en nosotros cuando queremos edificar en vez de destruir, lo que no se opone a que, también, haya necesidad de corregir, cambiar, porque el impulso es el mismo que el de avanzar. Para dar, en este mundo, es necesario prepararse muy bien, conocer, formarse, capacitarse. Hay que saber insertarse en los sistemas de relaciones, conocer sus necesidades y estar listos para aportar, allí dónde se necesite, dónde nos veamos más listos para construir o dónde la vida nos va pidiendo que ayudemos. Las maneras de construir, son tan variadas, como personas, pero siempre debemos estar prontos y listos. Sobre la importancia de cada tarea, es muy relativa, de ello nos damos cuenta cuando para un niño no hay nadie más importante que sus padres. No olvides, que has recibido talentos, y multiplicarlos prácticamente es una obligación.

Bernardo Marulanda es sodálite colombiano y tiene 32 años de edad. Se vinculó al Movimiento de Vida Cristiana y la familia espiritual en su ciudad natal, Medellín, el año 2000. Más adelante se vio llamado a trabajar ayudando a los demás gracias a sus participaciones en diversas actividades de Solidaridad en Marcha. Desde hace hace dos años vive en la comunidad sodálite de la ciudad de Ayaviri (Puno, Perú).