Estar en Gracia

Por: Bernardo Marulanda. (Tomado del blog «Me cuestiona la vida»)

«Estar en Gracia». A veces escuchamos esta expresión, un poco teológica y se nos escapa su significado. ¿Qué nos quiere decir esto? Estar en Gracia de Dios hace referencia a la comunión con Dios. La Gracia de Dios es el Amor de Dios, que se derrama gratuitamente en nuestros corazones, el mismo Espíritu de Dios que habita en nosotros. Así que esta expresión nos habla de aquellos momentos en que el Señor habita en nosotros. ¿Pero por qué el Señor no quisiera habitar en nosotros?, ¿Por qué ocultaría su rostro y se alejaría, dejándonos solos, a nuestro propio amparo?

Sobre esto primero tendríamos que hablar del Señor que toca a la puerta de nuestro corazón, el Señor sediento del hombre, el Señor como Pastor que busca a sus ovejas. Tendríamos que hablar que el Señor quiere estar con nosotros, quiere derramar su Gracia y llenarnos de su Amor, como a sus hijos queridos.

Esto nos debe llevar a buscar otra solución a la pregunta, y efectivamente la encontramos, cuando ahondamos en nuestro corazón y nos damos cuenta que somos nosotros, los que muchas veces, queremos ocultar nuestro rostro del Señor, queremos escondernos de su mirada, estar a tientas solos, para gozar de nuestra libertad y hacer aquello queremos, sin la interferencia de aquel que no queremos en nuestras vidas, así sea por un tiempo. Definitivamente no nos suena tan extraño decir que muchas veces queremos estar a nuestras anchas y decirle a Dios, que nos deje un poco en paz, sin interferir en nuestros asuntos, dejándonos resolver nuestras inquietudes a nuestra manera o permitiéndonos saciarnos con lo que más queremos en ciertos momentos.

Entonces, cerramos la puerta, y nos apartamos, le decimos al Señor, déjanos solos un tiempo. En esos momentos, el Señor que quiere habitar en nuestros corazones, que quiere compartir y amarnos, no rompe nuestra libertad y ya no puede estar más. Es en esos momentos cuando ya no estamos en Gracia, es en aquellos momentos cuando contrariados por la perdida del amigo que hemos alejado, optamos por caminar solos, bajo nuestras propias fuerzas, bajo nuestros propios paradigmas, bajo un camino que sabemos abiertamente que no es aquello que Dios quisiera de nosotros.

Señor, no quiero que te vayas, sólo que ahora tengo que recorrer estos caminos, estos que son los míos, estos que sé que no te gustan, pero frente a los que no puedo renunciar. ¿Por qué no los puedo recorrer, por qué no me permites caminar contigo en estos parajes? Y entonces el Señor nos dice que no puede renunciar a amarnos, que Él conoce que esos no son los buenos caminos para nosotros y que permitírnoslos nos arruinaría. Nos dice que cómo se va a traicionar a sí mismo, que cómo en el fondo me va a traicionar y no me va a amar, no me va mostrar el verdadero camino. Y nos recuerda que en esta relación de Dios-hombre, Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que haríamos bien en confiar en Él y dejarnos conducir, en renunciar a nuestros apegos, a nuestro camino errante, a nuestra pasión extraviada.

Quiero estar contigo, acompañarte, déjame entrar de nuevo, dímelo, pídemelo, yo estoy aquí para perdonarte, para darte una nueva oportunidad, estoy para comprender que en algún momento me has querido afuera, pero si cambias de parecer, te acompañaré siempre, habitaré en tu corazón todo el tiempo que me lo permitas. Si ya has recorrido este camino, si en verdad lo quieres, puedes buscarme, en aquellos rostros a los que les he dado mi autoridad de perdonar. ¿Acaso quiero dejarte sólo? No te quiero dejar sólo, pero ahora, no me permites entrar. Pero aunque no pueda entrar, aún así te doy mi Gracia cuando te busco, cuando quiero entrar, cuando toco a tu puerta, cuando suscito que recapacites y que te des cuenta que aquello no te conviene.

Pero ahora que arrepentido has vuelto a mí, ahora que me quieres en tu corazón, gustoso te daré mi Gracia, te daré mi mismo Cuerpo y Sangre, mi Alma y Divinidad. ¿ Acaso no es lo que más quiero?: ¿entrar en comunión contigo y que seamos tú y Yo uno sólo?

Gustoso quiero estar contigo, quiero que abras tu corazón, quiero que comas mi Cuerpo, quiero que estés bajos mis cuidados, quiero que estés en Gracia.

Bernardo Marulanda es sodálite colombiano y tiene 32 años de edad. Se vinculó al Movimiento de Vida Cristiana y la familia espiritual en su ciudad natal, Medellín, el año 2000. Más adelante se vio llamado a trabajar ayudando a los demás gracias a sus participaciones en diversas actividades de Solidaridad en Marcha. Desde hace hace dos años vive en la comunidad sodálite de la ciudad de Ayaviri (Puno, Perú).