¿Qué hacer en medio de las tormentas de la vida?

Por: Bernardo Marulanda. (Tomado del blog Me cuestiona la vida)

Miro el horizonte y veo una inmensa nube gris. Es seguro. Definitivamente va a venir una tormenta. Análogamente, muchas veces experimentamos las tormentas de la vida que nos acechan, o mejor dicho, sabemos que estamos en medio de una tormenta que nos está zarandeando, golpeando y nos tiene paralizados, desesperanzados, adoloridos… ante estos momentos quisiera compartirte una pequeña reflexión.

El punto de partida de esta reflexión es la conciencia de que en la vida vamos a tener problemas, adversidades, dificultades, tribulaciones. Sabemos que la vida humana, simplemente es pasajera, volátil, frágil y susceptible a acechanzas por doquier. Otro punto importante es aceptar que en el mundo hay tormentas, terremotos… pandemias. Se trata de que comprendamos que somos frágiles y débiles, que tenemos problemas, somos limitados y somos susceptibles a situaciones duras… durísimas.

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Saber acoger los golpes

Este punto, como tantas cosas en la vida, es muy evidente. Pero aún así muchas veces no lo incorporamos en nuestra vida. De esto nos damos cuenta cuando nos quejamos y nos amargamos frente a nuestros errores. Como si fuera algo que no pudiera suceder o cuando nos viene algún problema que nos escandaliza y llamamos injusto. Como si fuera algo que no pudiera sucedernos. Con esto no quiero decir que estas cosas negativas son elementos que debemos permitir pasivamente, sino que en primera instancia no nos debería sorprender tanto, paralizarnos o llenarnos de amargura. Así que el primer punto, pero no el final, es saber acoger los golpes, los problemas, las situaciones de dolor de manera que, al recibirlas, no nos llenen de amargura, parálisis o frustración derrotista.

Sobre esto me ha gustado mucho, que en la última carta apostólica del Papa Francisco Patris Corde dice lo siguiente sobre San José: «Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia».

Flexibilidad y vulnerabilidad

Sobre este tema me ha parecido muy bonita la figura que usaba la santa colombiana Laura Montoya. Ella decía que le gustaba ser como un junco, que es flexible para acoger las tormentas ya que no las resiste con rigidez, sino que las sortea dejándose agachar para luego volverse a levantar. A veces pareciera que mantenernos erguidos pretendiendo que no pasa una tormenta es la mejor manera de superarla, pero es allí, en lo alto, cuando corremos el riesgo de quebrarnos.

Ser como juncos ante las tormentas de la vida

Esto me ha hecho pensar que, en muchos momentos, la mejor manera de aguantar las tormentas que nos golpean, las dificultades y amenazas que nos acechan, sin que tengamos control sobre ellas, se parece más a la figura del junco, que a la de una figura rígida. Es importante tener esa flexibilidad que significa saber expresar vulnerabilidad, pedir soporte, dejarse consolar, aceptar la limitación, reconocer la debilidad. Y proyectar que hay momentos que son para resistir con valentía y aguantar con la ayuda de los demás.

Ser flexibles como juncos, significa que hay determinados momentos en los que es necesario ceder, aceptar los errores, devolvernos en un camino mal andado, cambiar de opiniones equivocadas, reconocer que necesitamos descansar, pedir perdón, aceptar una derrota.

Ponernos en manos de Dios

Este proceso que parte de la acogida de la tormenta y el dolor que nos causa, significa para el Creyente una oportunidad para ponerse en manos de Dios, bajo su Providencia y pedir confiadamente muchísima ayuda, porque el Señor realmente, que nos ama, quiere que le pidamos insistentemente y podría decir quiere que le pidamos descaradamente.

En estos tiempos de pandemia esto puede significar mucho en cada una de nuestras vidas. Es por esto que quisiera invitarte a que trates de ser como junco flexible. Que trates de dejarte zarandear con flexibilidad por las circunstancias que nos llevan al encierro, a soportar la enfermedad, el ahogo económico, el desmoronamiento de nuestros hábitos o la exigencia de vivir desde la virtualidad. Tal vez puedes continuar resistiendo rígidamente, pero también puedes aprender a ser flexible, acoger el dolor y encauzarlo hacia nuevos caminos de luz.

Bernardo Marulanda es sodálite colombiano y tiene 32 años de edad. Se vinculó al Movimiento de Vida Cristiana y la familia espiritual en su ciudad natal, Medellín, el año 2000. Más adelante se vio llamado a trabajar ayudando a los demás gracias a sus participaciones en diversas actividades de Solidaridad en Marcha. Desde hace hace dos años vive en la comunidad sodálite de la ciudad de Ayaviri (Puno, Perú).