Una mirada a nuestra Madre al comenzar el nuevo año

Por: Bernardo Marulanda.

Tal vez acabas de terminar tus estudios, el contrato de tu trabajo, el proyecto que venías trabajando desde hace tiempo, tal vez quieras comenzar a estudiar esa maestría que vienes persiguiendo o quién sabe si este sea el año propicio para comenzar aquel emprendimiento que al mismo tiempo que lo quieres, te hace temblar. Tal vez sea el año para proponerte de una vez por todas tomar una nueva dirección a tu vida, fortalecer los dones que Dios te ha dado o aprender algo nuevo. ¡Tal vez sea éste tú año!

Sea lo que sea que estés viviendo, lo cierto, es que el finalizar un año y comenzar otro, nos presenta el reto de detenernos en nuestra vida y preguntarnos: ¿Cómo he llevado este año que ha pasado?, ¿Voy por buen camino?, ¿Qué cosas necesito cambiar?, ¿En qué puedo renovarme?, ¿Qué puedo proponerme este año que viene?

Así que la primera reflexión que podríamos considerar es la siguiente. ¿Estoy siendo consciente de mi vida?, ¿Estoy tomando con madurez y seriedad mi vida?, ¿Estoy siendo protagonista del rumbo de mi existencia o simplemente me estoy dejando llevar? Puede ser que te estés haciendo estas preguntas desde hace tiempo, pero también está la posibilidad de que hayas caído en una vorágine que no te ha dejado pensar y reflexionar a fondo sobre la situación en la que te encuentras. Ahora bien, si es importante reflexionar sobre el estado de mi vida. ¿Cómo puedo hacerlo?, ¿Qué preguntas debo plantearme?, ¿Cuáles son los presupuestos que debo tener?, ¿Qué criterios puedo usar? Para esto quisiera proponer la figura de Santa María, como un ejemplo iluminador a la hora de aproximarnos al nuevo año.

Al fijarnos en la Virgen María, nos vienen como una luz aquellas palabras llenas de Sabiduría: «¡He aquí la Sierva del Señor, Hágase en mí Según tu Palabra!» (Lc 1, 38). Palabras muy orientadoras y llenas de una sabía perspectiva para enfrentar la vida. En estas palabras, observamos que María, tiene una actitud de escucha, apertura, profundización, discernimiento, generosidad, confianza y fidelidad.

Primeramente, María nos ayuda a entendernos como hijos amados de Dios, llamados desde siempre a llevar a cabo una misión, una vocación en este mundo. Así que se trata de sintonizar con aquella vocación a la que hemos sido llamados y que día a día podemos conocer más, si escuchamos la llamada del Señor. Seguidamente nuestra Madre, nos enseña a tener un Espíritu de acogida y docilidad a los senderos que Dios nos va proponiendo, con un espíritu de confianza y generosidad, propio de quién sabe que está en manos de un Buen Pastor. En este camino de respuesta la Virgen, nos enseña a salir al encuentro, proponer, preguntar y ahondar, con el objetivo de responder mejor a esos caminos que Dios nos está mostrando. Y finalmente, María nos enseña a ser coherentes, fieles en lo cotidiano y generosos para levantarnos y ponernos en marcha, con constancia, perseverancia y fidelidad en cada momento, sobre todo en los días más difíciles.

De esta manera, el ejemplo de Santa María, nos ilumina a la hora de plantearnos el año que viene. Cada uno vive desafíos muy diferentes, sin embargo, todos podemos plantearnos tener el coraje de Santa María y decir como Ella: «He aquí la Sierva del Señor, hágase en mí, según tu Palabra».

Bernardo Marulanda es sodálite colombiano y tiene 32 años de edad. Se vinculó al Movimiento de Vida Cristiana y la familia espiritual en su ciudad natal, Medellín, el año 2000. Más adelante se vio llamado a trabajar ayudando a los demás gracias a sus participaciones en diversas actividades de Solidaridad en Marcha. Desde hace hace dos años vive en la comunidad sodálite de la ciudad de Ayaviri (Puno, Perú).