La importancia de vivir la Navidad en familia

Por: Cankin Ma.

Los estudiosos relatan como, al principio del cristianismo, fue más difícil defender la humanidad verdadera de Cristo que su divinidad. Cuando pensamos en la vida espiritual, para algunos, una primera impresión es que supone algún tipo de alejamiento de lo que aparentemente no sería espiritual.

El misterio de la Navidad nos coloca ante un hecho increíble: Dios se hizo hombre. El Invisible, el Dios Escondido, se hace un pequeño Niño en brazos de María y de José (cf. Lc 2,16). Algunos de nosotros nos hemos acostumbrado con este hecho. Pero la verdad, si miramos con atención, es un verdadero escándalo: «En ese Niño, necesitado de todo como los demás niños, lo que Dios es: eternidad, fuerza, santidad, vida, alegría, se une a lo que somos nosotros: debilidad, pecado, sufrimiento, muerte»*.

Una expresión concreta de todo esto es la experiencia de la familia. Sabemos, por principio, que es una realidad hermosa. Al mismo tiempo, todos conocemos los desafíos de la realidad familiar. Algunas familias son grandes. Otras, pequeñas. Algunas, muy complejas o llenas de tradiciones. Otras, muy simples o espontáneas. A algunos nos gusta la familia que tenemos… a otros, no tanto. Así, grandes o pequeñas, idílicas o aparentemente insoportables, heridas y reconciliadas, las familias son el lugar donde aprendemos a percibir que Dios es Padre, donde aprendemos a sentir que la Iglesia es Madre, donde somos iniciados en el desafío de la hermandad.

La Navidad expresa de forma excepcional que Jesús realmente es «Dios con nosotros» (Mt 1,23). De hecho, es impresionante la proximidad de Jesús con nuestra realidad concreta. Nada de lo humano es ajeno a Él. Nació en una familia, es conocido por los primeros visitantes del pesebre, participa en las tradiciones de las familias con las que creció.

En la liturgia se celebra esta realidad. Por ejemplo, en la Fiesta de la Sagrada Familia, en el domingo de la Octava de Navidad. En este día, la Iglesia reza: “Oh Dios, que nos has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo, concédenos, con bondad, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo”**.

En el corazón de la Fiesta está inscrito el deseo de volver a casa, de que seamos recibidos por el abrazo del Padre. La familia es la verdadera escuela donde aprendemos a hacer este camino. Navidad, más allá de ser ocasión para reuniones familiares, o un momento para encontrar los que se encuentran más distantes, o simplemente de gozar juntos – más allá de eso, Navidad es una grande oportunidad de constituir la Familia Dei: reunidos en torno a Cristo, presididos por María y por José.

Notas

* S.S. Benedicto XVI, Audiencia General, 4 de enero de 2012.

** Misal Romano, oración de la Fiesta de la Sagrada Familia.

Cankin Ma nació en Ecuador, hijo de padre chino. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Mãe da Reconciliação" en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro, Brasil). Actualmente se prepara para el sacerdocio y estudia teología en la Universidad Católica de Petrópolis.