¿Por qué Jesús dio a María como Madre de la Humanidad?

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Por: Cankin Ma.

Para empezar, pensemos en una experiencia bastante común:

Cuando estudiamos, una situación que puede ser amada o temida son los trabajos en grupo. Sea cual sea el histórico de cada uno en ese campo, queda clara la importancia de contar con las personas correctas. Cuando el grupo es bueno, el trabajo no sólo es menos difícil, sino también se convierte en un ejercicio bastante provechoso. De hecho, reconocemos a una o dos personas que aportan mucho para dar vida al grupo. Son las personas que preferimos para los trabajos posteriores.

Si bien la obra de Jesús supera —y mucho— los objetivos de un trabajo de la escuela, podemos ver que María colabora activamente en ella (cf. Lc 1,26-38; Jn 2,1-12, entre otras). Jesús quiso que cada uno pudiera contar con ella en su propio caminar. Y, a través de la Iglesia, indicó un camino de verdadera devoción filial.

Nuestro Señor deja de manifiesto que no quiere que recorramos nuestra vida cristiana solos. María es una expresión muy fuerte y clara de ello. ¿Quién no reconoce en una madre a alguien que ama y acompaña incondicionalmente? Y si, por motivos particulares, para algunos de nosotros, fuera difícil reconocerlo, María podría parafrasear la ternura con que Dios habla a su pueblo:

«¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.» (Is 49,15).

La misma ternura con la que ella habla a San Juan Diego, en Guadalupe: «No se turbe tu corazón ni te inquiete nada. No estoy aquí, yo, tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, bajo mi protección? «(Nican Mopohua).

Una última idea: Para entender mejor las palabras de Jesús en el madero de la Cruz, «Mujer, he ahí tu hijo» (Jn 19,26), vale la pena recordar a otra mujer, frente a otro árbol: Eva, «La madre de todos los vivientes» (Gn 3,20). Los primeros cristianos no tardaron en reconocer en María a la «Nueva Eva».

«Mientras ésta (Eva) contribuyó a la entrada del pecado en el mundo, la nueva Eva, María, coopera para el evento salvífico de la Redención. Así, en la Virgen, la figura de la mujer es rehabilitada y la maternidad asume la tarea de difundir entre los hombres la vida nueva en Cristo » (San Juan Pablo II, Audiencia general del miércoles 23 de abril de 1997).

Cankin Ma nació en Ecuador, hijo de padre chino. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Mãe da Reconciliação" en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro, Brasil). Actualmente se prepara para el sacerdocio y estudia teología en la Universidad Católica de Petrópolis.