¿Por qué no puedo decir lo que pienso en Internet?

Por: Cankin Ma. (Tomado del portal A12.com)

¿Alguna vez te ha pasado que en Facebook una tía o tu propia madre comentó una foto en tu muro, pensando que estaba dirigiéndose solo a ti? Tal vez la situación te resultó incómoda, o por lo menos te dejó un poco de extrañamiento el medio para tal comentario.

Un amigo usó una figura muy interesante para explicarle a su madre cómo funcionan las redes sociales. Él le dijo que cada vez que escribiese un comentario en su muro, imaginase que ella estaba con un megáfono, en medio de la calle, hablándole a todos. Esto ayudó a mi amigo a no pasar esa situación incómoda y probablemente dejó a su madre con mucho miedo de volver a hacer cualquier comentario en ese medio.

Pues bien, en una época en que las comunicaciones se han transformado, debemos ser conscientes del significado de nuestras palabras. No solo el contenido, sino también la proporción (en la imagen del megáfono) y el contexto (en la imagen de la calle).

Una vez, un profesor de idiomas hizo una distinción muy interesante. Explicó que en griego hay dos términos para referirse a acciones: poiesis y praxis. El primero se refiere a la acción que produce algo material. Este es el sentido más plástico, digamos, de acción; y que hoy termina siendo el significado principal cuando hablamos de «hacer algo». Alguien práctico sería alguien que «en el mundo de las cosas» sabe cómo hacer y deshacer. Aquí viene lo interesante, la praxis se refiere a la acción como un acto cargado de bondad o maldad por quien realiza el acto. Así, la praxis está más claramente marcada por un sentido moral.

Pensemos que «en el mundo de las cosas» hay cosas que manifiestan el talento del productor y otras que vienen cargadas de la bondad o maldad que lo llevaron a este resultado.

Enfocándose en el primer aspecto, pensemos en un material producido que es malo y que no sirve. Así, un acto malo (en el sentido de praxis) deja algo más allá de una desilusión ante la ineficiencia, pues acarrea daños para quien hace el mal y para quienes se relacionan directa o indirectamente con quien hace tal acción mala.

Más concretamente. Supongamos que hago-produzco un cuchillo malo. Como no sirve para cortar, termina siendo inútil. Ahora supongamos que con un cuchillo hago un acto malo, ahí las consecuencias pueden llegar a ser mortales.

¿Por qué hacer tal distinción?

Hablar es un acto. Y debido a la amplitud, velocidad y difusión que tienen nuestras palabras en Internet, es importante detenerse y pensar en el efecto que tales actos pueden tener. En Moral se enseña la virtud de la Prudencia. Para vivirla, se propone hacer el camino de ver, juzgar y actuar. Así, para el acto de hablar (o mejor, de escribir en Internet) es importante que primero veamos con detalle el contexto y el medio para hablar (ya que a menudo terminamos saliendo «con un megáfono en medio de la calle») y también dedicar tiempo para juzgar el contenido y la forma (palabras, «tono», momento, etc.) para comunicarlo.

Es importante tener libertad para poder expresar lo que pensamos. Por esta misma razón, es importantísimo que nos esforcemos por aclarar lo que realmente pensamos y no acabar gritando con un megáfono en medio de la calle las ideas en nuestra cabeza tan pronto como aparecen (ya que no siempre expresan lo que pensamos).

Cankin Ma nació en Ecuador, hijo de padre chino. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Mãe da Reconciliação" en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro, Brasil). Actualmente se prepara para el sacerdocio y estudia teología en la Universidad Católica de Petrópolis.