«Revestirse de la Palabra». Una luz para nuestra vida cotidiana

Vestido de boda | Blog sobre revestirse de la Palabra por Cankin Ma

Por: Cankin Ma. (Tomado del portal A12.com)

Para hablar sobre ser revestidos, pensemos en un evento en el que aún se conserva la importancia de vestirse adecuadamente: el matrimonio. En los matrimonios de amigas y familiares que acompañé, me llamó la atención el lugar que tenía el vestido de novia. Además de todo el proceso que llevó a escogerlo, está el hecho de que el día de la boda, mientras la novia se prepara para la celebración, el vestido está como protegido, en un lugar especial, ocupando mucho espacio.

Quedándonos en el aspecto más material, alguno puede ver una exageración en tanto cuidado y atención a un detalle tan externo, digamos. Lo interesante es lo que significa e indica el vestido. Expresa el camino recorrido por los novios hasta ese día, así como la aventura que comienzan juntos. Eso sí, si el vestido de boda no es respaldado por algo auténtico, no va más allá de un adorno caro y elaborado.

Es un juego interesante, porque si la relación de los novios no es genuina, la parafernalia no supera lo inútil. En la misma lógica, si el amor de la pareja es lo suficientemente maduro como para llevar al matrimonio, debe expresarse también en estos aspectos.

¿Cómo relacionar estas narrativas sobre novias, vestidos y parafernalias con el mensaje de la Biblia? Pues bien, en una parábola Jesús habla de una fiesta de bodas y la importancia de usar el traje adecuado. Centrémonos en el diálogo sobre el traje de boda: «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’ Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos» (Mt 22,11-14).

La reacción del rey, anfitrión de la fiesta, ante el sujeto sin traje de boda puede parecernos hoy desproporcionada. Un comentario de san Agustín la aclara: «Se atreve a venir a las bodas sin vestido nupcial, el que busca allí la gloria, no la del esposo, sino la propia». Imagina estar en la boda de tu hermana y que aparezca un sujeto con toga y birrete pidiendo ser felicitado por la conquista que fue su graduación. ¿Quién no se irritaría ante un entrometido interfiriendo una celebración tan digna e importante?

Volviendo al punto inicial, el hecho de revestirse expresa una dinámica integral. No puede ser mera superficialidad, no se puede descartar como un detalle entre otros. La vida de María manifiesta este revestirse de la Palabra. Recordemos el himno inspirado que canta en la visita a Isabel (Lc 1,39-55), expresando su intimidad con la Palabra, el estar revestida de ella. En nuestro caso, el rito bautismal en el que recibimos la vestidura blanca reza: «Eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». Así, revestidos de Cristo en nuestro bautismo, somos llamados a ser renovados por la Palabra. Pues, como miembros de la Iglesia, participamos en la fiesta de las bodas del Cordero.

Cankin Ma nació en Ecuador, hijo de padre chino. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Mãe da Reconciliação" en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro, Brasil). Actualmente se prepara para el sacerdocio y estudia teología en la Universidad Católica de Petrópolis.