¿Qué me enseña la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

Por: Craig Kinneberg. (Tomado del portal A12.com)

¿Alguna vez te has sentido incomprendido? ¿Hay momentos en tu vida en los que sientes deseos y emociones que te hacen sentir muy diferente de los otros? Dada esta experiencia, debes haber pensado y deseado lo siguiente: «¡Cómo Me gustaría tener a alguien que entienda lo que estoy pasando ahora en lo más profundo de mi corazón!” Mi hermano y hermana: ¡tu deseo se ha hecho realidad!

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene su origen en la Edad Media, pero fue precisamente en el siglo XVII que esta devoción se hizo popular, gracias a una monja. llamada Santa Margarita María de Alacoque. Esta monja francesa recibió algunos revelaciones de Jesús durante tres años y, a partir de esas revelaciones, impulsó la devoción con mucha fuerza. Uno de los fundamentos de esta devoción que Santa Margarita quería transmitir es que Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, tiene un corazón humano que desborda de amor, compasión y misericordia. Como escribió El Papa Pío XII en su encíclica Haurietis Aquas, con motivo del centenario de la institución. de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en la Iglesia, «el Corazón de Cristo, unido hipostáticamente a la Persona divina del Verbo, palpitó de amor y de todo otro afecto sensible» (HA 12).

Sabiendo que Jesús tenía un corazón totalmente humano, podemos estar seguros que comprende muy bien todo tipo de sentimientos y experiencias que podemos tener en nuestra vida. Jesús conoce la experiencia de inmensa alegría, pero también conoce la experiencia del sufrimiento. Jesús sabe cómo es sentirse estar acompañado de sus amigos, pero también conoce el dolor del abandono de sus amigos más cercanos y la experiencia de la soledad. Ninguna experiencia humana es ajena o incomprendida por Cristo, y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús enfatiza esto.

Tener una devoción al Sagrado Corazón de Jesús es una forma de recordar que nunca estoy solo y que siempre hay alguien que me comprende. Aún cuando estoy alejado de Dios o avergonzado de mis pecados, el amor transbordante del Corazón Sacratísimo de Cristo no cambia, y me llama de nuevo a Él. Como Jesús le dijo a Santa Faustina: «Mi Corazón está lleno de gran misericordia para con las almas, y especialmente para los pobres pecadores (…) por ellos derramo de Mi Corazón sangre y agua como de una fuente que rebosa de misericordia» (Diario, Santa Faustina, 367). Entonces, querido hermano, no dejes de mirar este Corazón de amor que te conoce, entiende y sigue latiendo por ti.

Craig Kinneberg, estadounidense de nacimiento, ingresó al Sodalicio de Vida Cristiana a los 20 años. Luego de vivir en el Perú por 3 años en formación, en el 2013, se mudó a São Paulo, Brasil, donde ayuda en el trabajo pastoral juvenil y solidario. Ha completado los estudios de Filosofía y Teología.