¿Qué significa ser cristiano?

Por: Craig Kinneberg.

Mientras rezaba recientemente el Oficio de Lecturas, una oración que es parte de la Liturgia de las Horas, me encontré con una frase escrita por San Gregorio de Nisa que particularmente me llamó la atención:

«Entonces, ¿qué debemos hacer, nosotros que fuimos considerados dignos del nombre de Cristo?»

Por «el nombre de Cristo», San Gregorio se refiere a la realidad de ser llamado cristiano. Lo que me impresionó en esta frase es la conciencia que este gran santo tenía de la dignidad y el significado de ser cristiano. Esto me llevó a reflexionar sobre la visión que los cristianos del primer siglo tenían sobre lo que realmente significa llamarse cristianos, y luego comparar ese punto de vista con lo que muchos tienen del significado de ser cristianos hoy.

La palabra griega Χριστιανός ( Christianos ), que significa «seguidor de Cristo», proviene de Christos, que significa «Ungido». El nombre se usó por primera vez en la ciudad de Antioquía para referirse a los seguidores de Jesucristo en el primer siglo, poco después de la muerte de Cristo. Dentro del contexto de persecución extrema, en la que los primeros mártires cristianos ya habían derramado su sangre, estos seguidores de Cristo se llamaban a sí mismos cristianos con orgullo. Muchos de los primeros Padres de la Iglesia compartían la creencia de que la mejor manera de seguir a Jesús era precisamente a través del martirio, ya que si Jesús mismo era perseguido y asesinado, ellos también deberían estar dispuestos a hacer lo mismo; «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo» (Mateo 10,24). Estos primeros cristianos, por lo tanto, que tomaron este nombre, lo hicieron con el conocimiento de que serían perseguidos, odiados e incluso asesinados por seguir a Cristo, y que ser cristiano significaba ser considerado por muchos como un criminal. Un excelente ejemplo de esto es San Ignacio de Antioquía, quien, creyendo que la disposición al martirio era la manera de imitar a Cristo perfectamente, escribió las siguientes palabras mientras se dirigía a Roma para ser asesinado:

«Rogad, sólo, que yo tenga poder por dentro y por fuera, de modo que no sólo pueda decirlo, sino también desearlo; que pueda no sólo ser llamado cristiano, sino que lo sea de veras. Porque si resulto serlo, entonces puedo ser tenido como tal, y considerado fiel, cuando ya no sea visible al mundo»1.

Entonces, ¿por qué lo hicieron? ¿Qué llevó a estos hombres y mujeres comunes a llegar a tales extremos para ser llamados cristianos? Creo que la figura de San Pablo puede ayudarnos a responder esta pregunta de la manera más auténtica. Mientras todavía era uno de los perseguidores conocidos de los primeros cristianos, Saúl (más tarde su nombre fue cambiado por Cristo a Pablo) tuvo un encuentro personal con Cristo que se le apareció mientras se dirigía a Damasco. La historia de su conversión es bien conocida y, por lo tanto, no necesita explicarse aquí, pero retrata una realidad que tantos otros primeros cristianos han experimentado: que a través de su encuentro con la persona de Jesucristo, sus vidas se han transformado en el fondo de su ser. Así que vivir la vida cristiana valía la pena, aúnque eso significara ser considerado como un criminal o tener que derramar la sangre.

¿Y hoy? ¿Cuál es nuestra visión de lo que significa ser cristiano? ¿Nosotros, como San Gregorio de Nisa, entendemos que con el nombre «cristiano» viene una responsabilidad, y por lo tanto, debemos ser considerados dignos de ese nombre? ¿O tal vez el nombre «cristiano» se ha convertido en una palabra tan común utilizada para describir a alguien que sigue una mera tradición cultural / familiar, sin ningún significado y peso, con poca o ninguna referencia a la persona de Jesucristo y su Iglesia? Debemos preguntarnos qué significa ser cristiano para nosotros y cómo podemos ser testigos de nuestra fe en el siglo XXI. Al hacerlo, tenemos la oportunidad de permitir que Cristo hable con otros a lo largo de nuestras vidas, ayudándoles a encontrar esta «perla de gran valor», que vale más que cualquier otra cosa que podamos tener: ser dignos del nombre de Cristo.

  1. San Ignacio de Antioquía, Epístola de Ignacio a los romanos , Capítulo 3

Craig Kinneberg, estadounidense de nacimiento, ingresó al Sodalicio de Vida Cristiana a los 20 años. Luego de vivir en el Perú por 3 años en formación, en el 2013, se mudó a São Paulo, Brasil, donde ayuda en el trabajo pastoral juvenil y solidario. Ha completado los estudios de Filosofía.