El Triduo Pascual y el Coronavirus

Por: Dante Carrasco Aragón.

Cuando pienso en la Semana Santa, veo como Dios, durante años, me ha bendecido en cada una de ellas, especialmente en las diversas experiencias que tuve participando del misterio del Triduo Pascual. Y ahora yo me pregunto, como será para nosotros en este año de 2020, sin la posibilidad de poder participar de todas las liturgias, con nuestros amigos y familiares con los cuales estoy acostumbrado a compartir este momento de gracia.

Y, pensando y meditando en estos días previos a la Semana Santa, y en el contexto de la Pandemia por la que estamos pasando, me hago la siguiente pregunta: ¿en qué ha consistido esta experiencia que desde niño ha ido dejando huellas en mi vida, por participar de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor? Y me respondo, pues consiste en el propio Dios hablando en el Silencio y en la Oración. Es evidente que las liturgias y las misas son el centro de la experiencia, sin embargo, si no disponemos nuestro corazón para este encuentro no tendremos una experiencia de oración autentica. Todavía, pienso que, en nuestro contexto actual, no estamos a la deriva, estamos bajo la mirada de Dios. El católico auténtico, en su anhelo de entender la adversidad, debe ponerse de rodillas frente a Dios, y descubrir que “todo sucede para el bien de aquellos que aman a Dios”. Y aquí viene a mi mente, también un cuestionamiento, ¿No será que el Señor, con esta experiencia adversa, no desea que nosotros nos revisemos en el silencio y nos cuestionemos sobre como está nuestro interior, nuestra experiencia de oración personal, nuestra Lectio Divina con la Palabra? ¿No será que esta experiencia no será lo verdaderamente fundamental para que podamos disponernos para ver las misas y liturgias en una pantalla de TV, un computador o en un smartphone?

Estoy realmente valorando mucho el esfuerzo de obispos, sacerdotes, congregaciones, movimientos eclesiales o lideres católicos; en transmitir on-line las celebraciones eucarísticas, oraciones como el Rosario, reflexiones, llevando el Santísimo Sacramento por las calles para bendecir a las personas que están dentro de sus casas; sin embargo es fundamental que no nos olvidemos de que podemos y debemos rezar por nosotros mismos, buscando en el silencio interior el encuentro íntimo y personal con Dios, algo insustituible en cualquier situación. Recordemos, pues, que el activismo puede estar reflejado en el uso de las redes sociales, por parte de los que producen contenido y de los que consumen los contenidos presentados en Internet.

Con prudencia, complementemos nuestra participación de las Ceremonias on-line con la debida preparación espiritual interior. ¡Como ha sido lindo los testimonios que he recibido de amigos de diversas edades y estados de vida, valorando mucho la oración personal y familiar en estos días!

Busquemos el silencio, aprovechemos queridos hermanos y hermanas, queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas, busquemos ese silencio que el Señor nos invita a vivir en este tiempo de gracia, para que así nos unamos más al Amor infinito que Él tiene por cada uno de nosotros, uniéndonos, también, desde nuestros hogares a los que estará celebrando las liturgias en estos días santos. Y juntos recemos por las personas que más lo necesitan, especialmente por los afectados por la Pandemia. Que este tiempo de gracia nos lleve, a cada uno a detenernos para reflexionar y renovarnos en el llamado que el Señor nos hace, que podamos rezar más intensamente, sin miedo del “vacío” del silencio, revisando cómo está realmente nuestra vida y cómo está el rumbo que le estamos dando. Aprovechemos para curar nuestras heridas, para vivir de verdad el perdón en nuestras vidas, en fin, aprovechemos para buscar lo esencial en nuestra vocación y misión. Así participaremos dignamente de los Misterios centrales de nuestra fe.

¡DESEO QUE TENGAMOS UN SANTO TRIDUO PASCUAL Y QUE DIOS NOS LIBRE DE TODO EL MAL!

Dante Carrasco Aragón, nació en Lima. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana desde el 2004, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite 'Mãe da Reconciliação' en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro). Es bachiller en Administración y Magister en Psicología. Es miembro fundador de la Asociación 'Reconciliatio - Psicologia Integral'.