¿Qué es la Navidad y cómo podemos vivirla?

Por: Dante Carrasco Aragón.

Regalos, celebraciones familiares o sociales, chocolate, panetón, árbol de Navidad, luces, etc. De hecho, todo esto genera en la mayoría de nosotros pensamientos y sentimientos de alegría, unidad, paz, conforto, ánimo y tranquilidad para quienes atraviesan momentos de tribulación o estrés. Creo que las cosas mencionadas anteriormente tienen una relación con el verdadero significado de la Navidad, pero no son el significado más profundo de la Navidad, entonces, ¿para qué todo esto o para quién?

La verdadera Navidad es un misterio, misterio de fe, alegría y gratitud; pues un Niño que nació hace unos 2000 años, realmente nace en nuestros corazones en este día. «Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado». (Is 9,5).

Consideremos realmente lo que es la Navidad; si realmente creemos en Dios, que Él se hizo hombre y que vino a través del SÍ libre y generoso de la Virgen María; en este día debemos alabar a Dios con gratitud, ser conscientes que en el Niño Jesús, el hombre nace en Dios, porque es el mismo Dios quien nace en el hombre, y ser dóciles y  silenciosos ante el misterio como lo fue la Virgen María. Solo así podemos decir que es un tiempo de renovación, de comenzar de nuevo. Recordemos que para tener una verdadera renovación necesitamos revisar, considerar y  reconciliar todo lo que nos aleja del Misterio.

Entonces, en este día de Navidad, maravillémonos con esta paradoja, sobre la cual Chesterton decía: “La Navidad tiene como fundamento una paradoja bella e intencional: el nacimiento de aquel que no tenía hogar debía ser celebrado en todos los hogares”. Por eso, miremos el nacimiento en nuestras casas y consideremos este gran acontecimiento que puede suceder una vez más en el corazón de cada uno. Este evento nos exige una respuesta, una acogida, sabemos que en la Virgen María tenemos nuestro modelo de vida cristiana, como también podemos mirar a San José; pero en esta ocasión me gustaría reflexionar sobre las actitudes que tuvieron los pastores y los sabios al salir al encuentro del Niño Jesús.

Vigilancia, prontitud y simplicidad

Los pastores tienen mucho que enseñarnos. Quiero subrayar tres cosas: vigilancia, prontitud y simplicidad. Los pastores, por su oficio, son personas que están vigilando, por eso les llegó el mensaje, porque estaban velando esa noche. Son personas despiertas, lo que significa que no viven un sueño y están en su mundo particular. Están despiertos, vigilantes porque han salido de su mundo particular y han dialogado con una realidad común que es la verdad. Confiaron en la voz del ángel y, por ser personas sencillas de corazón, confiaban en que este era el Mesías esperado. Luego se dirigieron a Belén con prontitud, «fueron a toda prisa» (Lc 2,15s.). Vivimos en una época en que las personas hacen muchas cosas con mucha rapidez, pero Dios casi siempre está en el último lugar. Cualquier cosa puede funcionar, pero de qué sirve, si se cae en agnosticismo funcional ¡Los pastores nos enseñan lo contrario!

Sabiduría, ser peregrinos y humildad

Los sabios también tienen mucho que enseñarnos. También quiero subrayar tres cosas: sabiduría, ser peregrinos y humildad. Ellos llegaron después porque necesitaban orientación y direcciones. Esto no hace que su modelo sea menos importante para nuestro mundo de hoy. Una primera característica de ellos es su sabiduría, recordemos que todos recibimos este don. La sabiduría, como todo don, exige una respuesta, por lo que eran hombres de gran ciencia que buscaban la verdad abriéndose al conocimiento perfecto. Su otra actitud fue que eran peregrinos, se arriesgaban mucho y tuvieron el coraje de emprender el camino hasta Belén. También fueron humildes porque, aunque la tradición también nos dice que eran reyes, reconocieron con humildad la grandeza del Rey del Universo.

Como los Pastores y los Sabios de Oriente, busquemos esta Luz que nos libera de toda oscuridad y nos hace caminar en la dirección correcta. Aprovechemos para realizar un buen examen de conciencia, porque el Misterio del Nacimiento del Niño Jesús nos coloca ante nuestro propio misterio. «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium et Spes, 22). Y como Orígenes dijo: «¿De qué te sirve que Cristo vino hecho carne una vez si no alcanza tu alma?». Solo así podremos tener una buena revisión de nuestras vidas y obtener la ansiada renovación para ser cada vez más felices y más realizados. Oremos para que en esta Navidad podamos decir: «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gálatas 2,20).

Quiero terminar recordando una frase de Fulton Sheen:

«Solo hubo dos clases de personas que escucharon el grito de Nochebuena: pastores y sabios. Pastores: los que saben que no saben nada. Hombres sabios: aquellos que saben que no lo saben todo. Solo los más sencillos y los más eruditos han descubierto a Dios, nunca un hombre con un solo libro».

Dante Carrasco Aragón, nació en Lima. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana desde el 2004, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite 'Mãe da Reconciliação' en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro). Es bachiller en Administración y Magister en Psicología. Es miembro fundador de la Asociación 'Reconciliatio - Psicologia Integral'.