¿Por qué celebramos la Asunción de María?

Por: Gilberto Cunha.

«Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» ( Ap 12,1).

La Asunción de María se refiere al hecho de que la Madre de Dios, después de su participación en la misión de su Hijo, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. En el corazón de cada ser humano, Dios late. No somos de la tierra, sino del cielo, somos de Dios. Para entrar al cielo debes hacer la voluntad de Dios.

María, elegida entre todas las mujeres, cumplió su misión y fue llevada a su Hijo en gloria. Como testifican los santos, miremos a María y aprendamos de Ella para dar la bienvenida al Salvador.

San Germán de Constantinopla exalta que es el afecto de Jesús por su Madre lo que exige la presencia de María en el cielo con el Hijo divino.

«Es necesario que donde esté Yo, tú también estés, Madre inseparable de tu Hijo…».

El Concilio Vaticano II, recordando en la Constitución dogmática sobre la Iglesia el misterio de la Asunción, llama la atención sobre el privilegio de la Inmaculada Concepción: precisamente porque fue «preservada inmune de toda mancha de culpa original” (LG, 59), María no puede permanecer como los otros hombres en estado de muerte hasta el fin del mundo. La ausencia del pecado original y la santidad, perfecta desde el primer momento de existencia, exigían para la Madre de Dios la glorificación total de su alma y cuerpo.

En su homilía, con motivo de la Solemnidad de la Asunción de María al Cielo el 15 de agosto de 1995, San Juan Pablo II enfatizó que, en la primera Carta a los Corintios, San Pablo habla de la elevación de María al cielo.

«Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida» (1 Cor. 15, 20-23).

María es la primera dentro los que son de Cristo

La fiesta de la Asunción fue instituida por el Papa Pío XII con la Bula «Munificentissimus Deus» el 1 de noviembre de 1950. Con ese documento, Eugenio Pacelli proclamó el último dogma (hasta el día de hoy) de la Doctrina Católica.

Esta fiesta recuerda la presencia admirable de la Virgen María en la vida de los fieles católicos, quienes en Nuestra Señora ven la gloria de la Santa Iglesia y la prefiguración de su propia glorificación.

Todos están llamados a compartir esta gloria, que en la Asunción de María nos presenta el reino de Dios y el poder de Cristo sobre la creación. Veneremos a la Madre de Cristo y la Madre de la Iglesia, unidos a quienes la veneran en todas partes de la tierra.

Gilberto Cunha, brasileño, es laico consagrado en el Sodalicio de Vida Cristiana. Profesional en Filosofía y Análisis de Sistemas. Actualmente es estudiante de Teología y vive en la comunidad «Mãe dos Apóstolos» en la ciudad de São Paulo, Brasil.