¿Es posible vivir el celibato hoy?

Por: Luis Alfonso Sánchez.

Se ha discutido mucho acerca del celibato estos últimos días y parece que mediáticamente ha vuelto a ser un tema controversial en los ámbitos eclesiales —y no tan eclesiales— fruto del Sínodo de la Amazonía, que abre una puerta a la ordenación sacerdotal de hombres casados, y el reciente libro del Card. Sarah “Desde lo más profundo de nuestros  corazones” que defiende la vivencia del celibato en el sacerdocio.

No hay duda de que resulta difícil comprender el celibato en el mundo de hoy. La cultura hodierna que exacerba las realidades sensibles y le resulta sumamente difícil entrar en una visión espiritual y trascendente ve al celibato como algo “pasado de moda”, que no responde a las necesidades actuales, que es “opresión de la afectividad y del recto despliegue personal”, que violenta contra la naturaleza del hombre, que es “antinatural”; muchos otros argumentan su posición debido a las escándalos sexuales en la Iglesia y proponen al celibato como el principal culpable de los pecados de índole sexual… y por ende, la ausencia de vocaciones en la Iglesia.

Ante este panorama, de confusión e ignorancia acerca de la realidad del celibato, podría hablar de sus fundamentos teológicos, cristológicos, eclesiológicos y escatológicos1. Pero esta reflexión terminaría siendo un frío discurso de defensa contra el celibato que poco cuestiona e interesa a personas que en su mayoría no tiene todos los elementos de comprensión acerca de la Iglesia y lo que vive… Las personas que me han preguntado sobre el celibato muchas veces son personas de una fe poco cultivada, que no practican su vida cristiana o ni siquiera son cristianos… entonces ¿Cómo hablarles y explicarles que el celibato es una opción libre, un don de Dios que me realiza como persona y me hace amar auténticamente a los demás? Creo que desde la experiencia y el testimonio se podrán hacer una idea más cercana de lo que implica vivir una vida célibe.

El celibato como todo don de Dios es gratuito. Nadie se hace célibe por sus propias fuerzas, Dios da ese don a aquellos que ha llamado a una vida de consagración a él. Sin duda se lo regala aquellos que tienen las capacidades humanas para vivirlo. Si he podido vivir el celibato  todos estos años de sodálite no es porque soy un súper hombre ni porque hago esfuerzos sobrehumanos para vivirlo, la gracia supone mi naturaleza y mis esfuerzos cotidianos, y me da la fuerza para vivirlo día a día, con paz y alegría. Sin duda hay episodios en la vida donde resulta más difícil, pero la exigencia y la disciplina de una vida dedicada a Dios requiere de hombres fuertes que se abran a la gracia y confíen en la mano providente de Dios que nunca desampara.

Toda opción de amor se vincula a una persona. Y así como los esposos se vinculan en amor exclusivo a través del sacramento del matrimonio, el celibato no deja de ser una opción de amor en donde se elige a una persona: a Cristo —y en Cristo a todos los hombres— “¿Qué quiere decir esto?” Cuando elegí ser célibe lo hice con la libertad y la conciencia de que renunciaba a muchas cosas, pero lo hacía para ganar el amor de una: de Jesús. Y en Jesús ganaba la disposición espiritual para acoger en mi corazón a muchas personas, ¡más de las que imaginaba! El amor no se realiza sólo en una faceta, tiene muchas caras… el celibato es una de esas preciosas caras que los célibes intentamos vivir día a día.

Ahora se entiende un poquito mejor porque el celibato no es antinatural ni opresión afectiva. Es libertad plena y efectiva que se hace concreto día a día en lo cotidiano de la existencia. El celibato es entonces camino de realización personal, de vivencia auténtica de la propia sexualidad y de los afectos. No es un añadido a la fuerza, es más bien, para el que puede vivirlo, un camino de felicidad.

“Y entonces ¿eres feliz viviendo tu celibato?” ¡Sí, y mucho! El celibato me ha enseñado a amar como Jesús ama a las personas, a ser más como él, a tener un corazón indiviso y una mirada que ve no las apariencias sino el corazón… ¡Que mayor felicidad la de comenzar a amar como Jesús ama y vivir en carne propia el dinamismo de amor que consumió a Jesús en su apostolado!

Pidamos a Jesús que acompañe y bendiga a todas aquellas personas que viven el celibato. Necesitamos de las oraciones y de la ayuda de quienes, como hermanos en Cristo, nos alientan a vivir con fidelidad e intensidad este don querido por Dios para la Iglesia y el mundo.

  1. Si estás interesado en comprender lo que dice el magisterio acerca del celibato puedes leer Sacerdotalis Caelibatus del Santo Padre Pablo VI, del año 1967.

Luis Alfonso Sánchez nació en Lima, Perú. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Nuestra Señor de la luz" en la ciudad de Piura (Perú). Realizó estudios de Teología en la Facultad de Teologia Pontificia y Civil de Lima, donde actualmente está realizando una maestría en Teología Dogmática. Es también encargado del Movimiento de Vida Cristiana en Piura.