¿Qué hay de nuevo con esta Pascua?

Por: Luis Alfonso Sánchez Mercado.

Los tiempos litúrgicos conducen la vida del cristiano, orientan su vida hacia lo eterno, hacia aquellas realidades trascendentes que lo implican y que lo hacen participar del ser mismo de Dios. Cada día, cada hora, cada momento que transcurre en eso que llamamos tiempo es santificado por la presencia y acción divina, que quiere hacernos recordar y actualizar el Misterio de la Salvación. Dios se ha revelado en la historia, en un momento determinado de nuestra historia, y la liturgia lo actualiza, lo hace presente en el ciclo litúrgico que celebramos año tras año. ¿Dónde está la novedad pues de algo que recordamos una y otra vez? ¿Es acaso el ciclo anual que ofrece la Iglesia solo un recordatorio de hechos pasados? La novedad está sin duda en que el Señor hace nueva todas las cosas (cf. Ap 21,5), su presencia aquí y ahora hace que lo que se recuerda nos interpele, nos diga algo… porque aquellos acontecimientos de la historia de la Salvación son ahora acontecimientos de mi propia historia de salvación, me hablan, me tocan, me comprometen.

Así pues, un tiempo tan lleno de sentido para el cristiano como la Pascua no puede quedarse en una mera contemplación del misterio celebrado, es necesaria una actualización en nuestra vida de aquello que celebramos, para que la vida divina penetre y nos transforme, nos haga uno con Cristo: “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Esa vida que Jesús nos ofrece emana de la liturgia, porque la liturgia es vida de Dios en el tiempo del hombre. Y la Pascua, que marca un antes y un después en el ciclo litúrgico anual, nos ofrece vivir como Cristo ese paso (pascua deriva del arameo pasha / paso) de la muerte a la vida. En otras palabras, la relación entre la Pascua de Cristo y la Pascua de la Iglesia, es decir, de cada uno de sus miembros, se ve aquí como relación entre acontecimiento y sacramento. La Pascua del Señor se hace sacramento y por tanto el acontecimiento se hace contemporáneo a nosotros interpelándonos.

Ahora bien, es justo preguntarse en este momento ¿Cómo me interpela la Pascua del Señor? ¿Cómo influye en mi quehacer cotidiano el acontecimiento pascual?

Podríamos decir que hay dos dimensiones en la Pascua que celebramos. Una dimensión histórica, que recuerda el paso de Cristo de este mundo al Padre (La Pascua de Cristo), y una dimensión moral, que consiste en la purificación de la vieja levadura del pecado1 (La Pascua del hombre), que es también un paso, un paso interior de purificación y conversión a una masa nueva (en gr. νεον φυραμα2). Esta pascua del hombre también es un pasar de este mundo al Padre, pues como decía el papa emérito Benedicto XVI ante la crisis que vive actualmente la Iglesia es necesario un “volver a Dios”, pasar de este mundo al Padre, volver a Él para encontrar el sentido final de nuestras vidas y orientar nuestra existencia hacia sólo aquello que nos transforma en esos panes ázimos agradables al Padre.

Que la Pascua sea un tiempo de recentrar nuestras prioridades, darle a Dios su lugar en nuestras vidas, despojarnos de aquellos vicios y pecados que nos mantienen en este mundo y no nos hacen volver a Dios. Recordemos que “estamos en el mundo sin ser del mundo”3, porque le pertenecemos a Dios y hacia él vamos.

  1. cf. 1 Cor 5,7
  2. En griego denota aquello que tiene que ser mezclado o amasado. Podría decirse que esa masa que somos nosotros no se hace sola, sino que es la mano de Dios que, por acción de su gracia, nos convierte en ázimos puros y agradables a Él.
  3. En Juan 17,15-16, Cristo ora al Padre diciendo, “No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”.

Luis Alfonso Sánchez nació en Lima, Perú. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Nuestra Señor de la luz" en la ciudad de Piura (Perú). Realizó estudios de Teología en la Facultad de Teologia Pontificia y Civil de Lima, donde actualmente está realizando una maestría en Teología Dogmática. Es también encargado del Movimiento de Vida Cristiana en Piura.