¿Ser cristiano actualmente es un desafío?

Imagen para post de Luis Alfonso Sánchez sobre el desafío de ser cristiano

Por: Luis Alfonso Sánchez.

Es evidente que vivimos momentos de incertidumbre, momentos en los que ha tocado preguntarse sobre el sentido de la existencia y el hacia dónde va nuestra vida. La frustración de ver un mundo enfermo y muchas veces no poder hacer nada para remedirlo hace que nos preguntemos ¿Dónde está Dios en medio de todo esto? ¿Cómo Dios si existe y es amor permite que estas desgracias caigan sobre el hombre? ¿Acaso Dios está sordo y no escucha las suplicas de tantos que le imploran el cese de esta pandemia? Son preguntas hondas y complejos, que contienen matices y verdades de fe que no se responden de la noche a la mañana, pero que tienen que ser contestadas, porque los hombres de hoy, más que nunca, necesitamos el consuelo.

A esto se suma le compleja realidad del mundo contemporáneo, que trata de calmar el miedo y la desesperanza con falaces promesas. Nos quieren vender una solución práctica, funcional, como si la respuesta a esas preguntas fundamentales se inyectase cual antivirus produciendo inmunidad, dejando atrás las respuestas existenciales que darían sentido a la vida. Y así se produjese la nueva normalidad. Una nueva normalidad sin Dios, sin hondura, vacía…

Ante tan flagrante atentado contra la humanidad toda ¿Cómo debe pararse el cristiano? ¿Cómo responder a esta realidad compleja que vivimos para así ser consoladores de la humanidad afligida sin Dios? A mi parecer queda una única salida: Volver a la esencia del cristianismo para ser luz de la tierra y sal del mundo1.

¿Qué significa ser cristiano? ¿por qué de mi fe? ¿hacia dónde me dirige? ¿Por qué he decidido creer? Son preguntas que deben ser resueltas en nosotros para poder salir y proclamar con convicción lo que creemos. Y créanme que la respuesta no se encuentra cómodamente desde el escritorio sino en la realidad de la existencia, en el encuentro personal con una persona: Jesucristo.

En este post intentaré esclarecer algunos principios fundamentales de nuestra identidad como cristianos para así poder responder al desafío de vivir la radicalidad de nuestra existencia cristiana en el mundo de hoy.

Los pilares de la existencia cristiana

Cuando contemplamos la hermosura de las grandes catedrales como La Sagrada Familia en España o Nuestra Señora de Chartres en Francia nos quedamos embelesados por la belleza y el arte que cada rincón de esos lugares santos transmite. Sin duda, el templo nos remite a lo Alto, nos eleva la mirada hacia las realidades supremas. Todo ese conjunto arquitectónico se vendría abajo si no es por un elemento arquitectónico sobrio y sin mucha gala, pero que en medio de su sencillez resulta el soporte esencial para levantar la estructura y elevar los espíritus a Dios: los pilares.

Los pilares son de suma importancia en la construcción de un edificio. Una persona bien entendida sabe que para construir primero hay que cimentar las bases y luego colocar pilares sólidos y fuertes. Solo así se asegura una construcción segura y su permanencia en el tiempo. De manera análoga, nuestra existencia cristiana tiene que estar cimentada en ciertos pilares que hagan seguro nuestro crecimiento en la fe y nuestro despliegue apostólico. Dichos pilares son los principios fundamentales que tienen que regir nuestra vida y la que tenemos que prestar suma importancia. Nadie quiere comenzar a levantar su propia casa sin la seguridad de que esta no se va a derrumbar.

¿Cuáles son entonces estos pilares o principios de la existencia cristiana?

El cristiano es un ser comunional

Sabemos que somos creados por Dios a su imagen y semejanza, y con ello constatamos que estamos llamados a vivir la comunión, a tener una relación profunda y auténtica con los demás. Como decía Thomas Merton, “no somos islas”. Podemos ser felices en el encuentro, y nos hacemos más personas cuando vivimos en comunión unos con otros. Necesitamos de los demás, del otro que me comunica su ser y engrandece mi propio ser. Somos comunidad y tendemos a formar lazos de comunidad para crecer juntos como hermanos.

El cristiano es un ser para los demás

No somos cristianos únicamente para alcanzar nuestros objetivos personales y llegar al cielo solos. La vida cristiana se tornaría autorreferencial y egoísta. Ser cristiano es palpar la experiencia del sacrificio y entrega a los demás. «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Hay que morir para vivir, y vivir para los demás, como nos lo dice el Papa Emérito Benedicto XVI: «Ser cristiano significa esencialmente pasar del ser para sí mismo al ser para los demás»2. Aquí entonces la encontramos la palabra clave de la existencia cristiana: “para”. El cristiano vive siguiendo los pasos de Jesús, siempre “paraservir a los demás. Jesucristo en la cruz expresa cabalmente el dinamismo que tenemos que vivir como cristiano, crucificarnos con Cristo y ser don para los demás.

El cristiano se relaciona en lo escondido

Cuando pensamos en Dios que habla a su pueblo pensamos en grandes experiencias místicas, en zarzas ardiendo y paredes de nubes que guían hacia lo misterioso. Sin embargo, nos olvidamos de que también Dios se percibe en lo pequeño y humilde, en los signos cotidianos que podrían tornarse insignificantes pero elocuentes al mismo tiempo. Sin duda, nuestra relación con Dios tiene que ser cotidiana, y muchas veces somos conscientes que más bien la voz de Dios se escucha en el silencio y la sencillez de esos pequeños gestos en la vida que adquieren sentido cuando vivimos en su presencia.

Resuena en mi mente como el profeta Elías descubre a Dios en lo insignificante del susurro de una brisa suave. Creo que esto expresa la relación del cristiano con Dios: «Después del temblor, fuego, pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Le fue dirigida una voz que le dijo: ‘¿Qué haces aquí, Elías?’» (1Re 19,12-13)

Para el cristiano lo definitivo es Cristo

La fe cristiana afirma que en Cristo se ha realizado la salvación del hombre. Con Él culmina la revelación de Dios.

En Cristo mi vida adquiere sentido definitivo porque él siendo Dios une nuestra realidad humana a la realidad divina: Dios y el hombre se han hecho uno, de manera que pueda llegar a alcanzar la estatura de Dios. Esto parece imposible pero ciertamente es un regalo que Dios nos hace al participar de la naturaleza divina por medio del bautismo y de la vivencia de la gracia por medio de los sacramentos.

Así pues, mi vida no se encierra en la autorreferencia, sino que está abierta a Dios que me hace ser más yo, constituyéndose mi existencia en un espacio abierto hacia los demás.

A modo de conclusión

Podemos decir finalmente luego de este recorrido en torno a los pilares que constituyen la esencia del cristiano que todo se condensa en el principio del amor. El cristiano auténtico vive el Amor porque se ha encontrado con el Amor que ha dado sentido a su existencia dándole la misión de ser apóstol del amor a toda la humanidad.

Así pues, ante un tiempo de incertidumbre y de caos a causa de la reciente pandemia, los cristianos debemos vivir plenamente nuestra existencia. Podemos ser protagonistas del cambio, constructores en el mundo de la Civilización del amor.

*Este post es una versión resumida del artículo que escribí para mis estudios universitarios. Si deseas leer el artículo completo, haz click aquí.

  1. cf. Mt 5, 13-15
  2. Ratzinger, J. Introducción al cristianismo. p. 96.

Luis Alfonso Sánchez nació en Lima, Perú. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Nuestra Señor de la luz" en la ciudad de Piura (Perú). Realizó estudios de Teología en la Facultad de Teologia Pontificia y Civil de Lima, donde actualmente está realizando una maestría en Teología Dogmática. Es también encargado del Movimiento de Vida Cristiana en Piura.