El apostolado en tiempos de COVID-19

Por: Martín Ugarteche.

Artículo escrito originalmente en portugués para el portal a12.com de Brasil

A medida que el progreso de la pandemia de COVID-19 comenzó a consolidarse en las diversas regiones del territorio brasileño y, tanto las autoridades civiles y eclesiásticas comenzaron a tomar medidas para prevenir el contagio masivo alentando el aislamiento social, la primera reacción de muchos católicos, y me incluyo entre ellos, fue de preocupación. Ya no sería posible llevar a cabo las principales actividades apostólicas programadas, pero, sobre todo, no podríamos celebrar la Santa Misa ni el Santo Triduo Pascual.

Al mismo tiempo, una certeza espiritual se hacía cada vez más evidente ante los acontecimientos: Dios sabe cómo sacar cosas buenas de los peores males. Y me parece que esto es lo que sucedió en la vida de la Iglesia, a través de la multiplicación de innumerables iniciativas apostólicas y pastorales, que buscaban remediar las limitaciones que nos imponen la corresponsabilidad del bien común, y especialmente la salud de los más frágiles.

Un amigo que también es miembro del Sodalicio, me comentó que la comunidad de laicos de diferentes estados de vida, que participan en nuestra familia espiritual (Movimiento de Vida Cristiana), había participado muy activamente en las actividades de Semana Santa. Mucho más activamente que en años anteriores, ya que es costumbre de la cultura del país donde él vive que todos vayan a la playa en estas fechas de feriado. Resultado: muchos acababan no participando de las celebraciones. Pero con el covid-19, muchos de los que tenían poca participación en años anteriores se conectaron y celebraron en casa los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor. Se hizo evidente cómo cada una de nuestras casas puede ser, y de hecho es, una Iglesia doméstica.

En mi comunidad hemos transmitido las misas dominicales desde que comenzó la cuarentena, así como las celebraciones de la Semana Santa. Además, también compartimos reflexiones sobre los misterios celebrados, sobre su centralidad en nuestra vida cristiana. Es muy conmovedor constatar la cercanía espiritual de quienes participan, manifestada en varios comentarios, intenciones, acción de gracias que se comparten durante la transmisión. Es como si saliera a la superficie lo que a menudo está en el corazón de cada uno, en el silencio de la oración.

Personalmente, desde mi estado de vida particular, de plena disponibilidad apostólica vivida en comunidad, este tiempo me ha ayudado a sentirme un poco más cerca de la experiencia del gran Apóstol San Pablo, quien dijo que el Señor sabía cómo extraer de su prisión muchos frutos de conversión para la Iglesia, incluso entre los soldados que lo vigilaban (Ver Flp 2).

Los tiempos son difíciles, no hay duda al respecto y seguramente tendremos que pasar por muchas pruebas como Iglesia y como sociedad. Espero que podamos, en medio de todas ellas, aferrarnos a la Fe de que todo sucede para el bien de los que aman a Dios (Ver Rom 8,28). Roguemos a Dios para que derrame su Espíritu sobre cada uno de nosotros para que las adversidades experimentadas en unión a Cristo muerto y resucitado resulten en muchos frutos de conversión, primero en cada uno de nosotros, pero también en el Brasil y en el mundo.

Martín Ugarteche nació en Lima, Perú, en el año 1978. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana desde 1996. Desde el 2001 vive en la ciudad brasileña de Petrópolis, en la comunidad sodálite “Mãe da Reconciliação”, donde desarrolla diversos proyectos de formación y evangelización de la cultura. Es profesor de filosofía en la Universidad Católica de Petrópolis.