Todo lo hago mal

Por: Martin Ugarteche.

Desde hace algunos años soy profesor de lógica, una materia que a primera vista no tiene mucho que ver con nuestra vida cotidiana. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de lo mucho que esta materia puede ayudarnos a vivir mejor, evitando preocupaciones y conflictos innecesarios, que nos desgastan emocionalmente.

Uno de los temas de la lógica es el de las formas equivocadas de razonamiento , es decir, de sacar conclusiones de premisas insuficientes o fallas. Entre las falacias antes mencionadas, una tiene mucho que ver con el título de nuestra reflexión de hoy: generalización apresurada. La generalización apresurada es cuando se deduce un tipo de ley universal a partir de algunas situaciones concretas. Es un tipo de salto mental, que no se justifica, porque para afirmar una ley requeriría muchos más casos concretos.

¿Por qué damos ese salto, entonces? La causa probablemente esté en la carga emocional que acompaña a ciertos eventos de nuestro día a día, que los hace instalarse de una manera más estable en nuestra memoria y en nuestro corazón. Estos son hechos que sobresalen más, que nos impactan más, debido a las emociones que los acompañan.

A medida que evaluamos nuestras ideas, nuestros pensamientos y juicios, que podemos reflexionar en silencio, sin pronunciar una palabra, es importante que no olvidemos los sentimientos que los acompañan. La relación entre pensamientos y sentimientos es de retroalimentación. En la raíz de un pensamiento se encuentra muchas veces un sentimiento. Lo contrario también sucede, pues hay pensamientos que despiertan en nosotros diversos sentimientos.

Para nosotros cristianos es muy importante entender esta dinámica, porque Dios también nos habla a través de nuestros pensamientos y sentimientos, así como del Diablo, cuando nos tienta. Si eres alguien que se esfuerza por vivir tu fe, abrir tu corazón a la gracia de Dios, perseverar en los Sacramentos y asumir fielmente tu vocación , es muy probable que el Enemigo esté tratando de desalentarte sembrando sentimientos negativos de desolación. En este caso, el Espíritu Santo actuará de manera reconfortante y alentadora, fortaleciendo tu corazón para perseverar en el buen camino.

Pensamientos como el del título de nuestra reflexión de hoy pueden ser evaluados por su «sabor», o más bien por los sentimientos que lo acompañan. ¿Cómo te sientes cuando repites esa frase interiormente? ¿Te sientes desanimado, sientes como si te estuvieran derribando e impidiendo que te levantes? Recuerda, entonces, que ésta no es la manera de actuar del Espíritu Santo, nunca desalienta, nunca culpa, sino que, por el contrario, es nuestro Defensor.

Se trata, de hecho, un pensamiento mentiroso, porque, pensándolo con calma, nadie hace todo mal. Hay muchas pequeñas cosas simples, pequeñas, que podemos hacer por nuestro bien y las de nuestro prójimo, como por ejemplo, tender la cama, ordenar nuestra habitación, tener un gesto caritativo con alguien con quien nos encontramos en nuestro camino, sonreír cuando saludamos, entre otros. Estos pequeños actos, aunque a menudo pasan desapercibidos, tienen un enorme potencial para unirnos más al Señor si los hacemos en su presencia, elevando nuestros corazones hacia Él.

Los errores, por otro lado, siempre estarán presentes en nuestras vidas. Y no sólo los errores, sino, muy probablemente, también los pecados. Lo importante es que ellos no nos lleven a cerrarnos en nosotros mismos, sino a abrirnos a la gracia de Dios, que quiere perdonarnos y estar presente incluso en nuestras debilidades. Aprovechemos nuestros momentos de fragilidad para renovar nuestra confianza en Dios y poner nuestras vidas en sus manos, para reconocer, como Pedro cuando se hundía en las aguas, que lo necesitamos para salvarnos.

Martín Ugarteche nació en Lima, Perú, en el año 1978. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana desde 1996. Desde el 2001 vive en la ciudad brasileña de Petrópolis, en la comunidad sodálite “Mãe da Reconciliação”, donde desarrolla diversos proyectos de formación y evangelización de la cultura. Es profesor de filosofía en la Universidad Católica de Petrópolis.