«¿Qué puedo hacer durante la adoración al Santísimo?» 5 consejos y unas ideas prácticas

Por: Pablo Perazzo (Tomado de Catholic-Link).

«¿Qué puedo hacer durante la adoración al Santísimo?». ¡Seguramente te lo has preguntado varias veces! Me arriesgo a decir además que, probablemente, estás buscando la forma para rezar mejor delante del Señor. Sientes que quisieras aprovechar mejor ese tiempo que pasas arrodillado – la mayoría de las veces – frente a Jesús.

La relación personal que cada uno tiene con el Señor Jesús es algo tan único y particular que no es fácil presentar una propuesta de qué hacer durante la adoración al Santísimo.

Por ello, no pretendo darles una receta o pasos necesarios que todos deberían hacer. Más bien, algunas propuestas y posibilidades que, ojalá, puedan enriquecer y darles luces para sus siguientes visitas al Santísimo.

Empecemos por lo básico

Antes de presentarles cualquier herramienta o consejo valioso, pienso que debe quedar claro que – aunque suene sencillo y obvio lo que voy a decir – más allá de lo que puedas o no sentir, en ese momento de adoración al Santísimo, estás contemplando a Jesús Sacramentado.

Es una Persona real, que está delante de ti. Está ahí porque te quiere escuchar. Es Alguien a Quien le puedes hablar. Obviamente, no lo ves o escuchas como a cualquiera de nosotros. Pero, independientemente de tu feeling o experiencia afectiva, hay un vínculo, un diálogo… pero espiritual.

Por eso es fundamental que tengas una actitud interior de silencio. No me refiero a no hablar o hacer ruidos, sino la concentración y actitud interior de silenciar tu mente, tu imaginación, memoria. Todos esos ruidos que te distraen y no te permiten estar realmente presente en ese lugar de adoración.

Dicen que el silencio es el portero de tu intimidad. Sin esa actitud interior de silencio no vas a poder encontrarte con el Señor en tu interior. En ese «lugar» que llamamos corazón.

Actitud de contemplación

Actualmente, se habla mucho de meditación. ¿Cuántas veces habrás escuchado el famoso mindfulness? Científicamente, están comprobados los beneficios de vivir la meditación. No tengamos reparos o prejuicios cuando les digo que es necesaria una actitud de meditación.

Porque, culturalmente, están muy asociadas a recursos psicológicos, incluso del yoga o New Age. Pero el cristiano también está llamado a meditar. Si usamos una palabra más apropiada sería la contemplación.

La contemplación nos permite adentrarnos en la vida mística. Esta no es otra cosa que la relación espiritual que debemos tener con el Señor. Ya sea por gracia infusa, gratuita. Sumada a nuestra actitud personal que implica ese disponerse con el silencio – como ya lo hemos dicho –, así como otros medios de los que debemos valernos para hacer efectivo ese encuentro místico, espiritual con el Señor.

Dios derrama su gracia, pero necesita la interacción de nuestras facultades como la inteligencia para buscarlo en verdad. La voluntad para querer ese encuentro.

El ejemplo de María y José

La Virgen María y San José pueden enseñarnos mucho cuando se trata de vivir esa relación con el Señor. ¿Quién mejor que ellos para mostrarnos la mejor manera de escuchar su Voz y hacerle caso?

El pasaje tan conocido de Lucas 2, 19 – cuando llegan los pastores y Reyes a adorar al niño Jesús nacido en el pesebre -, así como Lucas 2, 41-50 – cuando encuentran a Jesús en el Templo conversando con los Doctores de la ley – nos enseñan esa actitud de la Virgen de guardar y meditar las Palabras del Señor en el corazón.

La misma Virgen – también lo vemos en la respuesta que le da Jesús a su Madre en las Bodas de Caná – no entiende algunas veces lo que Jesús le dice o lo que ve delante de sus ojos. Ella misma recorre un camino pedagógico, en el que Cristo la va educando para que crezca y madure en su fe. Seamos pacientes como la Virgen, y dejémonos educar por el Señor cuando estamos frente al Sagrario.

De san José no escuchamos una palabra, más allá de la obediencia y reverencia. Pero vemos cómo cumple la Voluntad de Dios, cooperando con la misión salvífica de Jesús. ¡Cuántas palabras que no figuran en las Escrituras le habrá dicho San José a lo largo de toda su vida oculta, enseñándole a Jesús en su condición de hombre!

Ese es el silencio que debemos aprender. Un silencio que implica una actitud muy activa de nuestra parte. No es ausencia de bulla, ruido o movimiento. Sino una sintonía profunda, íntima con el corazón de Jesús.

Entonces… ¿qué hacer en la adoración al Santísimo?

Les confieso que esta lista de lo que podemos hacer durante la adoración al Santísimo es fruto de un breve, pero muy fructuoso diálogo con algunos de mis amigos y otros autores de Catholic link. Me han dicho tantas cosas interesantes y valiosas, que prácticamente voy a repetirles lo que me han dicho. Son varios consejos que, por lo menos algunos, les pueden servir.

Más de uno me dijo cómo, muchas veces, simplemente están en silencio frente al Santísimo. Sin la preocupación de tener que decir algo. Saber que «ahí está Cristo y yo estoy frente a Él». Contemplarlo. Contemplar Su presencia, como lo decíamos anteriormente. Sin hacer nada. Gozar y alegrarse de compartir un rato con nuestro mejor amigo.

Para otros, escuchar alguna música que ayude a la meditación es algo que motiva a generar un ambiente espiritual. Otros me hablaron de leer las Sagradas Escrituras o algún texto espiritual. Así como escribir.

De hecho, escribir ayuda muchísimo a ordenar nuestras ideas y nos obliga a tener que formular un pensamiento discursivo que, muchas veces, nos permite profundizar mejor las ideas o pensamientos que tenemos o que nos suscita el Espíritu.

Cuando reces, puedes repetir algunas de las oraciones y coronillas que existen por montón, pero – varios me lo dijeron – es importante tener momentos en los que dialoguemos con el Señor. Así como lo estamos haciendo ahora.

Finalmente, algunos me dijeron que el Rosario ayuda, puesto que es María quién mejor nos puede llevar al encuentro de su Hijo, el Señor Jesús. Me parece que ahí está la justa medida. Rezarle a María para que nos ayude a acercarnos a Cristo.

También la oración de intercesión. Así como María intercede por nosotros ante su Hijo, nosotros podemos aprovechar e interceder por nuestros familiares, amigos y todas aquellas personas que queremos, como también a nuestros enemigos.

Finalmente, lo más importante

Aunque suene sencillo y pueda parecer un cliché, es importante saber que esa comunicación… esa relación que experimentamos con Cristo es Amor. Cristo nos ama y está en el Sagrario, realmente presente en Cuerpo y Alma, por Amor a nosotros.

Es Alguien que debemos amar y con Quien debemos cultivar nuestra relación de Amor. Debería ser nuestro mejor amigo. Quien nos enseña que el Amor es el único camino para la verdadera felicidad, que tanto queremos vivir.

Así que ya sabe: si te faltan palabras y no sabes bien qué hacer… pídele que te enseñe a amar más, como Él nos lo ha enseñado.

Pablo Augusto Perazzo, brasileño, vive en Perú desde 1995. Licenciado en Filosofía, Magíster en Educación y tiene especializaciones en Antropología Cristiana y Logoterapia. Escribió el libro (2016): "Yo también quiero ser feliz". Es redactor de contenidos para Catholic-Link, y colabora con la Revista familiar VIVE (Guayaquil). Es conductor de dos programas en Radío María (Perú): “Vive Feliz” y “Matrimonios felices en Cristo” y es fundador del proyecto Felicitas que promueve la felicidad cristiana en los matrimonios.