¿Cómo vivir una Navidad alegre a pesar de todo el sufrimiento que hay en el corazón?

Blog de Pablo Perazzo sobre cómo vivir una Navidad alegre en medio de la pandemia

Por: Pablo Perazzo. (Tomado de Catholic-Link)

Los cristianos creemos que Dios ha nacido entre nosotros y además, nos ha salvado del pecado. Dios se ha hecho hombre para acercarse a nosotros. Nos ama tanto, que nos quiso probar que estaba dispuesto a renunciar a su condición divina.

Se igualó a nosotros, haciéndose hombre (menos en el pecado) y dio su vida en la cruz. Ese es el motivo de nuestra alegría como creyentes. Es por eso por lo que nosotros podemos enfrentar y asumir en nuestras vidas el sufrimiento y las cruces, sin perder esa alegría y esperanza que anida en nuestros corazones.

¿Cómo vivir alegres esta Navidad a pesar del sufrimiento?

Todo lo dicho puede sonar maravilloso, y efectivamente, es algo extraordinario. Entonces, por qué vemos a tantos que —diciendo creer en Jesucristo— pareciera que no logran superar el dolor y el sufrimiento que tienen que enfrentar.

Algunos reniegan de Dios, llegando incluso a perder su fe. En este tiempo es muy fácil optar por el desánimo o el dolor, han pasado tantas cosas este año que a veces parece irreal tanto sufrimiento.

Pero la clave para vivir una Navidad alegre está en buscar al Señor. Abrir nuestro corazón a su amor, y dejar que su presencia transforme nuestra vida. Digámosle al Señor en oración: ¡Te necesito, escúchame, ayúdame, consuélame, lléname de tu amor y tu alegría!

Se trata de vivir como buenos cristianos, y para eso he querido escribir este pequeño artículo. Para recordar algunas actitudes que nos motiven a vivir una Navidad alegre a pesar de las circunstancias.

1. Tienes que detenerte 

El Adviento es el tiempo litúrgico para prepararnos para la llegada del Niño Jesús. Y para preparar, así mismo, nuestro corazón para el Señor que ya está presente. Celebramos el nacimiento del Niño Dios, que ocurrió hace algo más de 2000 años.

Sin embargo, el frenesí del activismo de fin de año y la diversión que busca la mayoría de la gente huyendo del peso de las responsabilidades (que en estos últimos meses de pandemia se ha multiplicado exponencialmente), hacen que no podamos tener el silencio necesario para sintonizar con nuestro interior, y encontrarnos con el Señor.

Es ahí, en nuestro interior, donde se da ese encuentro personal de amor con el Hijo de Dios. No podemos dejarnos arrollar por la vorágine del consumismo navideño, sino esforzarnos por vivir ese silencio que nos permita captar la presencia de Dios.

Presencia que es una realidad invisible, pero que está, que es. Que solo se puede experimentar con el corazón, con el espíritu. Es muy recomendable vivir lo que san Ignacio desarrolla como el «examen de conciencia», que en pocas palabras, es una forma de oración en la que vas tomando conciencia de la providencia divina en la vida cotidiana.

Esto nos lleva a comprender nuestra vida personal de una forma totalmente renovada. Así como también, la forma en que entendemos el mundo que vivimos. Se trata de tener una mirada cristiana de la realidad personal y del mundo.

Mirar la realidad con los ojos de Dios, detenernos a pensar en cómo hemos afrontado este año, cómo nos hemos acercado a Dios y cómo hemos obrado según el amor que ha puesto en nuestros corazones.

2. Vivir el Kairós esta Navidad

Debemos ser capaces con esa gracia divina, de convertir nuestra vida en un tiempo de salvación (Kairós). El paso del tiempo cronológico (kronos) es la simple sucesión de los minutos, pero el «tiempo de salvación» (Kairós) que vivimos mientras dura nuestra vida en esta tierra, es fundamental.

¿Y para qué? Para que «en el atardecer de nuestra vida» (como bien lo decía santa Teresita) se nos juzgue por el amor vivido, y en comunión con Cristo, podamos pasar a la vida eterna.

Esa esperanza cristiana —gozar de la vida eterna— permite que vivamos un presente lleno de sentido. De este modo, para el cristiano cada minuto es ocasión de despertar la llama viva del amor divino. ¡Hagamos que esta Navidad sea alegre sin importar qué!

Que como luz en la oscuridad de este mundo que vivimos, podamos iluminar la vida de otras personas. ¡Cuántos están tristes, vacíos y desesperados alrededor nuestro, esperando que alguien les señale el camino! No hay tiempo (kronos) que perder, puesto que nuestra salvación (Kairós) está en juego.

3. Abrirle espacio en tu corazón al Niño Jesús

Primero, confiando que Él está entre nosotros, trayéndonos el don de su amor y de su salvación. Hablándonos de muchas maneras. En las Sagradas Escrituras, en el testimonio de los santos, los acontecimientos ordinarios de la vida cotidiana, así como en toda la Creación.

En fin, el Señor se manifiesta y se deja ver en muchísimos detalles, pero debemos aprender a buscarlos con esos ojos del corazón. Dile aquí estoy Señor, esperándote con amor, con ilusión, con la esperanza de que lo transformas todo.

Finalmente, exige de nuestra parte una actitud de búsqueda, dirigiéndole la palabra (oración), presentándole los sufrimientos y cruces que nos entristecen. Ofreciendo nuestra impaciencia y todas esas preguntas que nos pueden hacer dudar, cuestionar e incluso renegar.

¡No hay problema! El Señor quiere que nos acerquemos a Él como somos, con nuestras alegrías y tristezas, con nuestras luces y sombras. ¡Eso sí! Pidiéndole siempre que aumente nuestra fe.

Ruego a Dios para que todos podamos vivir una Navidad alegre y en paz. ¿Le haces campo a Jesús en tu corazón?

Pablo Augusto Perazzo, brasileño, vive en Perú desde 1995, y es incorporado al Sodalicio de Vida Cristiana desde 2013. Licenciado en filosofía y magister en Educación. Tiene diplomados en Antropología Cristiana, Logoterapia y una especialización en la “Ciencia del Bienestar”. Escribió el libro (2016): “Yo también quiero ser feliz”. Es redactor de contenidos para Catholic-Link y la Revista Vive (Guayaquil). Conduce dos programas en Radio María: “Matrimonios Felices en Cristo” y “Vive Feliz”. Es el promotor del Proyecto “Felicitas”, que ayuda a los matrimonios a descubrir en Cristo el camino para su felicidad. Colabora en la pastoral de la parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación, y en el apostolado del MVC.