La conmovedora reflexión sobre el coronavirus que le da la vuelta al mundo

Por: Pablo Perazzo. (Tomado de Catholic-Link)

Quiero empezar con una pregunta que plantea el video que les compartiré hoy, casi al final, después de muchas reflexiones interesantísimas que hace (es como para verlo más de una vez). Pensemos por unos instantes: ¿qué podemos aprender de todo lo que está pasando alrededor del mundo con el coronavirus?

No es un problema en determinado país o continente. No es algo malo que está sucediendo lejos de donde estoy. Es algo que está a la puerta de mi casa, o mejor dicho —en muchísimos casos— dentro de mi propia familia.

Antes de seguir, veo oportuno destacar, para no caer quizás en algunas interpretaciones equivocadas, que esto no es ninguna suerte de castigo del universo, que ya «está cansado» de nuestras faltas contra la naturaleza.

Creo que una idea de fondo es que toda esta situación con el coronavirus nos hace reflexionar sobre la importancia de vivir y encaminar nuestra libertad hacia la verdad y lo bueno para nosotros: Dios. Definiendo así el rumbo de nuestras vidas, y sobre qué valores estamos fundamentando nuestra sociedad.

El video nos invita a preguntarnos: ¿sabemos usar nuestro tiempo sin un fin específico? Ya mencionar la expresión: «sin un fin específico» parece descabellado, para un mundo que se ha vuelto tan pragmático y busca sacar provechos visibles y cuantificables a toda costa.

Empieza con cinco puntos para tomar en cuenta sobre nuestra manera de vivir en la actualidad. Y luego plantea tres reflexiones que son, a mi modo de ver, extremamente acertadas.

Críticas a nuestra sociedad

En primer lugar, pensamos en cómo las potencias del mundo, con las mejores economías, se han puesto en los zapatos de los que normalmente son dejados de lado, o no tomados en consideración con la importancia que deberían.

China —en primer lugar— y luego otros países, se vieron obligados a convertirse en «los discriminados». Así lo dice el mismo video, aquellos a los que no se les permite atravesar la frontera, o considerados como transmisores de la dolencia, aunque no tengan ninguna culpa.

Se me vienen a la cabeza pasajes de la Escritura como el del «buen Samaritano» (Lucas 10, 25-37). O «el pobre Lázaro» (Lucas 16, 19-31) que no era ayudado por un personaje rico, que se banqueteaba, mientras el pobre famélico era lamido por los perros en sus heridas abiertas. De alguna manera, el video quiere mostrar, cómo esta situación está obligando a los países ricos a sentir un poco la experiencia de los marginados.

¿Sabes por qué te despiertas cada mañana?

El video habla de la productividad y consumo, motivos por los que corremos 14 horas del día, persiguiendo no se sabe muy bien qué. Pienso en las metas que perseguimos, o el propósito que le estamos dando a nuestras vidas. ¡Tantas veces hemos hablado de la felicidad!

Cuestiona, precisamente, la inconsciencia generalizada en la manera de vivir y proceder para darle sentido a nuestras vidas. La mayoría realmente se esfuerza y —como se dice— «suda la gota gorda», pero sin saber muy bien por qué lo hace.

Es natural, por lo tanto, que contemplemos a tantas personas que a la hora de mirarse a sí mismos, estén confundidos, como «Alicia en el país de las maravillas». Que ante la bifurcación por la cual debía tomar una decisión importante le pregunta al gato qué hacer. Y este le responde que dependía de lo que estaba buscando.

¿Sabemos si lo qué buscamos en el mundo satisface nuestras necesidades más profundas del corazón?

Lo que está pausa obligada nos ha recordado

Vivimos una vida sin pausa ni descanso. Una manera de trabajar en la que el estrés y la ansiedad se convierten en enfermedades que atacan a cada vez más personas. Creemos que aprovechamos el tiempo, si es que nuestras acciones perciben siempre algún tipo de retribución material.

Me parece importantísimo este punto, teniendo en consideración la vida tan pragmática en la que vivimos. Cada vez más, se vive por los ídolos del hedonismo, el consumismo y materialismo o una búsqueda insaciable del poder, ¿y qué hay del espíritu?

Toma de conciencia personal

Pasemos ahora a revisar las tres reflexiones sumamente interesantes que plantea el video. Empezando por la manera en que los padres delegan la educación de sus hijos a personas o instituciones educativas, lo cual no tendría porque estar necesariamente mal.

Sin embargo, cuando eso lleva a que los padres se acomoden y relativicen por eso, su papel prioritario en la formación de los hijos, entonces hay un grave problema. El amor y la educación que los hijos reciben en la casa, con sus familias, nunca será reemplazado por ninguna institución.

Sé muy bien que esta reflexión tiene muchísimas aristas y complicaciones. Pero sencillamente estoy compartiendo las inquietudes del video, que de modo amplio, plantea una pregunta que debe llevar a los padres a considerar mejor cómo está su relación con sus hijos.

La comunicación empobrecida por las redes sociales

Se dice a diestra y siniestra, que las redes sociales han empobrecido la comunicación y el contacto «real». El interactuar humano, amoroso, una mirada, un gesto, una caricia. Este «encierro obligado» nos hace tomar conciencia de manera mucho más agresiva, de la falsa ilusión de proximidad que ofrecen las redes sociales.

Tengo un dicho, que puede ilustrar un poco esta situación: «Las redes sociales alejan a los que estamos cerca, y acercan a los que vivimos lejos». Finalmente, en el video se habla de la corresponsabilidad y se critica la cultura del egoísmo e individualismo, en la que cada uno solamente se preocupa por sí mismo.

Este virus es un mensaje claro para pensar que la única manera de salir de este problema es el sentimiento de ayuda al prójimo. Todos somos responsables uno de los otros. Como decía Thomas Merton: «Ningún hombre es una isla».

Recordemos a Caín, Abel y Juan

Todo esto me hace recordar el pasaje de Caín y Abel. En el que Caín, después de matar a su hermano y ser cuestionado por Dios acerca de su paradero, responde: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Génesis 4, 9). Todos estamos llamados al encuentro, a servir al otro desde el amor y la caridad.

El mandato claro del Señor a amarnos entre nosotros como Él mismo nos amó, se hace urgente en estos momentos. Juan dice con mucha fuerza: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1Juan 4, 20).

El video no pone casos concretos, sin embargo yo me arriesgo a preguntar si no somos nosotros como Caín. Cuando nos hacemos los de la «vista gorda» ante la cantidad de abortos que se dan a diario, o el abandono que viven cada vez más las personas mayores.

Las veces que ignoramos a los más necesitados cuando piden algo de ayuda. Cuando cerramos el corazón a personas cercanas, que llamamos nuestros amigos, sin perdonarlos cuando nos ofenden. O al revés, hiriendo con la lengua (que muchas veces es más afilada que una espada de doble filo). Sin mencionar las peleas o conflictos que vivimos en nuestras mismas familias.

Exhortación final

Me parece que ya tenemos mucho por reflexionar. Podemos hacer un muy buen examen de conciencia. Además, ahora que millones de personas estamos en cuarentena por el coronavirus, hagamos un pequeño esfuerzo, y preguntémonos: ¿cuántas de estas actitudes, mencionadas en el video, estamos viviendo?

¿Cuántas actitudes en mi vida no me llevan por buen camino? Es el momento para volver a revalorizar a la familia. Generar lazos más profundos de amor entre los padres, y estos con sus hijos. Rescatar los valores auténticos que deberían guiar nuestras sociedades.

Y por qué no, replantear algunas cosas de fondo en nuestra vida. Para que —Dios mediante lo más pronto posible— cuando volvamos a la normalidad, vivamos una vida nueva. Ya no la «de siempre», sino transformada, para que seamos cada vez más humanos.

Personalmente, veo estos días como un tiempo para volver a lo esencial. Nuestras metas y valores en la vida, el amor en familia, la caridad entre nosotros. No desperdiciemos este tiempo, creyendo que estamos perdiéndolo. Con esta mirada, estoy seguro de que en realidad, puede ser un tiempo muy fructífero en aspectos esenciales de nuestra vida.

Pablo Augusto Perazzo, brasileño, vive en Perú desde 1995. Es licenciado en Filosofía y Magister en Educación. Tiene un Diplomado en Antropología Cristiana y en Logoterapia. Escribió el libro (2016): "Yo también quiero ser feliz". Hace parte del equipo de Catholic-Link, escribe también para la Revista familiar VIVE (Guayaquil) y colabora con los programas "Joven Feliz" y "Matrimonios Felices en Cristo" en Radío María (Perú). Es promotor del proyecto "Felicitas".