¿Qué disposiciones interiores tener para la «nueva normalidad»?

Por: Cankin Ma. (Tomado del portal A12.com)

Envueltas en papel periódico y guardadas en cajas. Desmontadas y amontonadas. Cada una fuera de nuestras salas. Las cajas, guardadas hasta el año siguiente. La magia en el ambiente parece haber terminado.

Más o menos así se puede describir la sensación después de acabar la Navidad. Litúrgicamente llamamos Tiempo Ordinario al tiempo que le sigue. Obsérvese que los colores y ornamentos de las capillas también son cambiados.

Cambio de tiempos y etapas. Parece que nuestra vida está hecha de ciclos que vienen y van. Al inicio de la cuarentena, nos invadieron millones de preguntas. Hoy, varios elementos son más claros, mientras que otros todavía necesitan tomar forma.

Varios se están preparando para una «nueva normalidad», cada uno según su situación. Retomando paulatinamente el transporte público, los horarios laborales, los encuentros con seres queridos y, con la gracia de Dios, la participación en los Sacramentos.

La imagen de guardar cosas de Navidad (pesebre, árbol, decoraciones) puede parecer lo contrario a lo que experimentamos ahora. Por un lado, porque los últimos meses no se han caracterizado por ser particularmente alegres o estimulantes. Por otro, porque la situación no se resolverá guardando los adornos de temporada hasta el año siguiente.

En todo caso, el elemento sobre el que quiero llamar la atención es la percepción del tiempo. Sea en la transición de la Navidad al Tiempo Ordinario, o de la cuarentena a la reanudación de los ritmos de nuestras ciudades, se puede hacer la misma pregunta: ¿Cuál es el sentido del tiempo? ¿Qué valor dar a las épocas/temporadas difíciles o menos alegres?

Siguiendo la explicación del Catecismo sobre ¿Cuándo celebrar?, se puede afirmar que «el año litúrgico es el desarrollo de los diversos aspectos del único misterio pascual» (Catecismo, 1171). Entiéndase por año litúrgico no tanto un calendario con una lista de celebraciones religiosas, sino el misterio de la Encarnación por el cual el Dios Vivo penetra y transforma el tiempo. Con Cristo, el tiempo ya no es algo que pasa y termina, el tiempo es Él mismo viniendo a llenar todo con su Misterio.

Nuestra mirada hacia los tiempos alegres y tristes, los tiempos altos y bajos, los tiempos de cuarentena y de «normalidad» nuestra mirada al tiempo debe estar informada por el acontecimiento salvífico de la Encarnación de Cristo y de su Pascua. Porque en Él «el fin de la historia es anticipado, como pregustado, y el Reino de Dios irrumpe en el tiempo de la humanidad» (Catecismo, 1168).

¿Qué expresiones son necesarias para nuestra espiritualidad hoy, en una «nueva normalidad»? Difícil de decir con seguridad. Cada uno encontrará y redescubrirá muchas cosas, resignificará otras y dejará de lado otras tantas.

¿Cuál es la forma para el «tiempo nuevo» que encaramos? Es Cristo. En la medida que esté lleno de Cristo, iremos en la dirección correcta. Dejemos que su Vida penetre en nuestros quehaceres del día a día. Tal vez de la misma forma que Él llenó de colores, sonidos y olores los últimos días de diciembre, con el misterio de su Nacimiento.

Cankin Ma nació en Ecuador, hijo de padre chino. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, vive y trabaja apostólicamente en la comunidad sodálite "Mãe da Reconciliação" en la ciudad de Petrópolis (Rio de Janeiro, Brasil). Actualmente se prepara para el sacerdocio y estudia teología en la Universidad Católica de Petrópolis.