Entre gallinas y perros

Por: Rafael de la Piedra (Razones para creer).

Hace poco me llamaba la atención un reportaje de la televisión española acerca de las gallinas que eran violadas por gallos en una granja avícola llamada —por un par de señoritas indignadas— de “campo de concentración”1. Y me parecía tan absurdo cómo decir que los perros violan a las perras cuando estos se las montan en plena calle y a la luz del día. La verdad es que me quedé tan sorprendido que pensé que era un montaje o una parodia televisiva.

Sin embargo, era real y absurdo al mismo tiempo. Y es que lo absurdo se ha ido introduciendo en nuestra realidad cotidiana de manera tan sutil que llega un momento que nos vamos acostumbrando. Esto me recuerda el ejemplo de la rana que va muriendo poco a poco en una olla de agua hervida. Al inicio está feliz por lo agradable de la temperatura; pero poco a poco; lo que le producía bienestar se vuelve en algo insoportable y mortal.

Los síntomas de un desenfoque de la realidad, así como la pérdida del sentido común son ahora —y de ahí lo peligroso— sumamente sutiles. Son casi inofensivos e inodoros. Les pongo un ejemplo muy sencillo: ¿Cuántas veces no hemos recibido una inocente invitación para poder “adoptar” un perrito que ha sido encontrado en la calle? No es que esté en contra de estos animalitos ya que cumplen —entre otras cosas— una función social al acompañar a muchas personas solitarias o educativa en el seno de una familia. Sin embargo, al decir ¿“adoptar un perrito”; no estaremos perdiendo la perspectiva de lo que estamos diciendo?

La definición usual de la palabra “adoptar” es: “Tomar un hijo ajeno como propio en virtud del acto jurídico de la adopción, con el fin de establecer con él una relación paterno-filial con idénticos o análogos vínculos jurídicos que los que resultan de la procreación”.

Yo estoy convencido que cada época tiene sus grandezas y sus bajezas; sus héroes y sus villanos. Pero la pérdida del contacto con la verdad —que nace del conocimiento de la realidad— si es algo que me llama poderosamente la atención y que perece ser una característica de nuestro tiempo. Hay una frase muy fuerte en el Evangelio de San Juan: “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8,32).

¿Por qué muchas personas prefieren tener un perrito o un gatito; al tener hijos porque nos quitan la libertad? Nos olvidamos acaso que estos bellos y tiernos animalitos demandan muchos sacrificios. Es tanto así que —sin darnos cuenta— hemos creado hoteles para dejarlos cuando salimos de viaje , psicólogos para atenderlos2, entrenadores para domesticarlos, ropa especial para abrigarlos, juguetes para entretenerlos y música para relajarlos3; y así cada día los vemos más como “pequeños seres humanos” que como lo que realmente son. Sutilmente vamos proyectando en nuestros animalitos domésticos toda clase de sentimientos propios de los humanos.

El argumento utilizado por las señoritas defensoras de la “gallinas violadas por gallos” era que “ellas tenían sentimientos” y “que si a uno no les gustaría que lo traten de la misma manera”. Pues un humilde joven ganadero avícola español les responde desde la sensatez y el sentido común a estas iracundas jóvenes y les dice que “pues las gallinas la pasan muy bien en la granja”4. Entonces me hago una sencilla pregunta: ¿cómo saben estas señoritas que estas gallinitas no están re contentas con el modo de vida que tienen?

C.S. Lewis decía —en su magistral libro Cuatro Amores— que un animal doméstico es un puente entre nosotros y el resto de la naturaleza. Y es que tienen tres patas en el mundo animal y uno en el nuestro. Por eso el perro puede ser una grata compañía para el ser humano —y así lo ha sido desde tiempos inmemorables—; pero creo que nunca podrá llenar plenamente la necesidad de amor y afecto que precisamos para vivir y darle sentido a nuestras vidas.

Vivimos en un mundo lleno de compensaciones que buscan satisfacer las carencias emocionales y afectivas de nuestro tiempo. Estamos viendo una generación con personas muy heridas y maltratadas. Estas heridas son reales y dolorosas. Por eso tenemos, más que nunca, la necesidad de abrir los ojos para ver nuestra propia realidad y nuestro entorno. Esto no es fácil ya que por un lado nos hemos acostumbrados a no ir más allá de las apariencias y el mostrarnos vulnerables requiere de mucho coraje y humildad. Pero es el único camino para poder conocer, sanar y reconciliar nuestro interior. Y responder a lo que realmente está en el fondo de nuestro ser.

William Faulkner, en su novela Las palmeras salvajes, dice: “Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor”. Por eso surgen los nuevos dioses y las nuevas religiones que te dicen que puedes o no puedes hacer. Son las nuevas ideologías que exigen sacrificios muy demandantes y en el fondo un nuevo estilo de vida. Son los nuevos becerros de oro que son adorados por multitudes. Como diría Chesterton: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo”.

[1] Los huevos son de las gallinas, denuncia friki de unas veganas (YouTube). Y pueden leer más sobre esto y la respuesta: Fanny, defensora de las ‘gallinas violadas’: «Hay mucha gente que quiere ser vegana por nosotras» (20minutos.es)

[2] Fundan primer centro de psicología canina en Perú (Andina)

[3] Musica Relajante para Perros (YouTube)

[4] Un ganadero responde a las defensoras de las «gallinas violadas»: «Si tienen mala vida, que venga Dios y lo vea» (20minutos.es)

  1. Los huevos son de las gallinas, denuncia friki de unas veganas (YouTube) Y pueden leer más sobre esto y la respuesta: Fanny, defensora de las ‘gallinas violadas’: «Hay mucha gente que quiere ser vegana por nosotras» (20minutos.es)
  2. Fundan primer centro de psicología canina en Perú (Andina)
  3. Música Relajante para Perros (YouTube)
  4. Un ganadero responde a las defensoras de las «gallinas violadas»: «Si tienen mala vida, que venga Dios y lo vea» (20minutos.es)

Rafael de la Piedra Seminario es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana. Es Licenciado en Teología en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Ha conocido y trabajado en realidades tan disimiles como las favelas en Río de Janeiro o el altiplano andino del Perú. Ha estudiado y profundizado en temas como la Sábana Santa de Turín, la Virgen de Guadalupe, los milagros eucarísticos, entre otros. Sus temas de estudio son un desafío para la ciencia y también puentes para acercar al hombre contemporáneo al umbral de la fe. A través de su blog "Razones para creer" busca aportar en la enorme tarea de la Nueva Evangelización que lanzó el Papa Juan Pablo II.