Día 1 – Novena a Nuestra Señora de la Reconciliación

MONICIÓN

Santa María fue elegida Madre de Dios Hijo y por tanto, es la hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo.

María por su cooperación libre en la nueva Alianza realizada por la Encarnación, Muerte y Resurrección del Señor Jesús, tiene al lado de su Hijo un lugar en la historia de la reconciliación. Por la comunión y la participación, la Virgen Inmaculada vive ahora inmersa en el misterio de la Trinidad, alabando la gloria de Dios e intercediendo por los hombres.

Cantemos: «ÓYENOS MADRE»

ÓYENOS, MADRE DE CRISTO
ÓYENOS, MADRE DE DIOS
ESTA CANCIÓN QUE TUS HIJOS
TE DIRIGIMOS CON NUESTRO AMOR.

Porque sabemos que con gran amor de Madre,
cuidas a quienes te invocan de corazón;
por eso ahora te entonamos nuestro canto
para alabarte y pedir tu intercesión.

Tú muy bien sabes que nosotros,
pecadores, necesitamos de una Madre como Tú,
para alcanzar de nuestro Dios misericordia
y en nuestra vida tener gracia, paz y luz.

ORACIÓN PREPARATORIA

Dios Padre lleno de amor, que has elegido a Santa María como Madre de tu Hijo y Sagrario del Espíritu Santo, concédenos, por su intercesión, participar como Ella, de la comunión trinitaria de Amor.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LECTURA BÍBLICA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas. 4,4 – 7

Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo: y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.

RESPONSORIO

Lector: Tú que eres la hija predilecta del Padre.
Todos: Y Madre de Dios Hijo.
Lector: Atrae sobre nosotros al Espíritu de Amor.
Todos: Para ser fieles al Plan de Dios.

MEDITACIÓN

Ante todo, es sumamente conveniente que los ejercicios de piedad a la Virgen María expresen claramente la nota trinitaria y cristológica que les es intrínseca y esencias. En efecto, el culto cristiano es por naturaleza culto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo o, como se dice en la Liturgia, al Padre por Cristo en el Espíritu. En esta perspectiva se extiende legítimamente, aunque de modo esencialmente diverso, en primer lugar y de modo singular a la Madre del Señor y después a los Santos, en quienes, la Iglesia proclama el Misterio Pascual, porque ellos han sufrido con Cristo y con Él han sido glorificados. En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de Él: en vistas a Él, Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro. Ciertamente, la genuina piedad cristiana no ha dejado nunca de poner de relieve el vínculo indisoluble y la esencial referencia de la Virgen al Salvador Divino (…) Esto contribuirá indudablemente a hacer más sólida la piedad hacia la Madre de Jesús y a que esa misma piedad sea un instrumento eficaz para llegar al “pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta alcanzar la medida de la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13).

(Pablo VI, Marialis Cultus, 25.).

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la Madre de su Hijo y Sagrario del Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo:

QUE LA LLENA DE GRACIA INTERCEDA POR NOSOTROS

— ¡Oh Dios!, admirable siempre en tus obras, que has querido, que Santa María participara de tu Amor Trinitario, haz que nosotros tus hijos deseemos y caminemos hacia esa misma comunión de amor.
— Tú que nos diste a María por Madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores y a todos abundancia de salud y paz.
— Tú que hiciste de María la llena del Espíritu Santo, concede la abundancia de tu Espíritu a todos nosotros.
— Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la Madre de Jesús.
— Tú que concediste a María la Inmaculada, el verse libre de todo pecado, haz que los fieles difuntos, libres de toda culpa, alcancen la felicidad de tu reino.
— (Se pueden añadir intenciones libres).

Padre Nuestro

ORACIÓN

Padre de bondad, Tú que nos enseñas en la advocación de Nuestra Señora de la Reconciliación, que Santa María fue preservada de la culpa original y es modelo de fe y de oración, concédenos, por su intercesión, tu gracia para luchar contra el pecado que habita en nosotros y se manifiesta en la soledad. Danos la fuerza de tu Espíritu, para que, viviendo en actitud de oración y compromiso apostólico, nos conformemos con Jesús y seamos artesanos en la construcción de la Civilización del Amor.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(3 Avemarías por las intenciones del Santo Padre).

SEGUNDO DÍA DE LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA RECONCILIACIÓN