Día 7 – Novena a Nuestra Señora de la Reconciliación

MONICIÓN

Nuestra Madre cooperó activamente con el Señor Jesús, su Hijo, en la gran obra de reconciliarnos. María, la Virgen Inmaculada Dolorosa, quiere que hagamos nuestro el don de la Reconciliación y para ello nos auxilia con su intercesión obteniéndonos la gracia que necesitamos.

Cantemos: «SALVE, SALVE, CANTABA MARIA»

SALVE SALVE, CANTABA MARÍA,
QUE MAS PURA QUE TU SOLO DIOS
Y EN EL CIELO UNA VOZ REPETÍA:
MAS QUE TU SOLO DIOS, SOLO DIOS.

Con torrentes de luz que te inundan,
los arcángeles besan tus pies,
las estrellas tu frente circundan
y hasta Dios complacido te ve.

Pues llamándote pura y sin mancha
de rodillas los mundos están
y tu espíritu arroba y ensancha
tanta fe, tanto amor, tanto afán.

ORACIÓN PREPARATORIA

Te pedimos, Señor, vivir intensamente el don de la Reconciliación, que Cristo, Tu Hijo, nos obtuvo con su Encarnación, Muerte y Resurrección y que así podamos hacer de nuestro mundo, un mundo más justo y reconciliado. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LECTURA BÍBLICA

Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. 5, 18-20.

Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Somos pues embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos; reconciliaos con Dios.

RESPONSORIO

Lector: Por Cristo a María
Todos: Y por María mas plenamente al Señor Jesús.
Lector: Porque el Señor murió y resucitó
Todos: Reconciliaos con Dios.

MEDITACIÓN

La enseñanza del Concilio Vaticano II, presenta la verdad sobre la mediación de María como una participación de esta única fuente que es la mediación de Cristo mismo. Leemos al respecto: La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador. Esta función es, al mismo tiempo, especial y extraordinaria. Brota de su maternidad divina y puede ser comprendida y vivida en la fe, solamente sobre la base de la plena verdad de esta maternidad. Siendo María, en virtud de la elección divina, la Madre del Hijo consubstancial al Padre y compañera singularmente generosa en la obra de redención, es nuestra madre en el orden de la gracia. Esta función constituye una dimensión real de su presencia en el misterio salvífico de Cristo y de la Iglesia.

(San Juan Pablo II, Redemptoris Mater n. 38)

PRECES

Elevemos nuestras súplicas el Reconciliador que quiso nacer de María Virgen y digámosle:

QUE LA MADRE DE LA RECONCILIACIÓN INTERCEDA POR NOSOTROS

— Oh Sol de justicia, a quien la Virgen Inmaculada precedió cual aurora luciente, haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
— Reconciliador del mundo, que con la eficacia de tu redención preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado, lìbranos a nosotros de toda culpa y reconcílianos.
— Redentor nuestro, que hiciste de la Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, haz también de nosotros templo de tu Espíritu.
— Rey de Reyes, que elevaste contigo al cielo en cuerpo, alma y espíritu a tu Madre, haz que aspiremos siempre a los bienes del cielo.
— (Se pueden añadir intenciones libres).

Padre Nuestro

ORACIÓN

Padre de bondad, Tú que nos enseñas en la advocación de Nuestra Señora de la Reconciliación, que Santa María fue preservada de la culpa original y es modelo de fe y de oración, concédenos, por su intercesión, tu gracia para luchar contra el pecado que habita en nosotros y se manifiesta en la soledad. Danos la fuerza de tu Espíritu, para que, viviendo en actitud de oración y compromiso apostólico, nos conformemos con Jesús y seamos artesanos en la construcción de la Civilización del Amor.

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(3 Avemarías por las intenciones del Santo Padre).

OCTAVO DÍA DE LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA RECONCILIACIÓN