Día 9 – Novena a Nuestra Señora de la Reconciliación

MONICIÓN

En su hermoso designio reconciliador, Dios Padre ha querido que su Hijo naciera de Mujer; pero esta Mujer debía estar libre de toda mancha; no podía verse herida por el pecado original, porque era el mismo Dios, a quien iba a concebir. Esta mujer, es Santa María, Nuestra Señora de la Reconciliación, la vencedora de Satanás, La Virgen Fiel toda su vida, la Madre del Salvador.

Cantemos: «EN PROCESIÓN»

EN PROCESIÓN CAMINA EL PUEBLO
PARA MOSTRAR SU FE Y SU AMOR
A TI MARÍA, INMACULADA,
PURA Y SIN MANCHA, MADRE DE DIOS,
VIRGEN MARÍA, QUE CON TU FIAT
NOS DISTE AL MUNDO AL SALVADOR.

Hoy tus hijos con lágrimas invocan
tu presencia maternal para vivir
Virgen buena, Madre de todos los hombres,
tú comprendes mi dolor y mi sufrir.

ORACIÓN PREPARATORIA

Padre de Misericordia, Tú que quisiste preservar a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia fuese digna Madre de tu Hijo, concédenos por su intercesión vernos libres de todo pecado y alcanzar la santidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

LECTURA BÍBLICA

Lectura del libro del Génesis 3, 9 – 15

Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

RESPONSORIO

Lector: María de la Reconciliación,
Todos: Tú eres la Mujer prometida por Dios.
Lector: Ayúdanos a combatir el pecado,
Todos: Y a vivir reconciliados para la salvación de los hombres.

MEDITACIÓN

La imagen de Nuestra Señora de la Reconciliación presenta, pues, una síntesis viva y elocuente de misterios centrales de la fe de la Iglesia. Destaca la unidad de los misterios de la Anunciación-Encarnación y de la Reconciliación en el misterio del Calvario. Una vez más los símbolos de la imagen ofrecen ocasión para integrar y, más aún, expresar sintéticamente la unidad de los misterios del Salvador, Verbo Eterno hecho Hijo de Mujer para la reconciliación de los seres humanos. Otros signos invocan el maternal servicio de anuncio y el de intercesión. El conjunto exhorta a acoger y vivir esos misterios de la fe impulsados por la Madre que a ello nos invita.

PRECES

Elevemos nuestras súplicas al Reconciliador que quiso nacer de María Virgen y digámosle:

QUE LA MADRE DE LA RECONCILIACIÓN INTERCEDA POR NOSOTROS

— Oh Sol de justicia, a quien la Virgen Inmaculada precedió cual aurora luciente, haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
— Verbo eterno del Padre, que elegiste a María como arca incorruptible de tu morada, líbranos de la corrupción del pecado.
— Salvador nuestro, que quisiste que tu Madre estuviera junto a la cruz, por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
— Jesús, que colgado en la cruz diste a María como Madre de Juan, haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.
— (Se pueden añadir intenciones libres).

Padre Nuestro

ORACIÓN

Padre de bondad, Tú que nos enseñas en la advocación de Nuestra Señora de la Reconciliación, que Santa María fue preservada de la culpa original y es modelo de fe y de oración, concédenos por su intercesión tu gracia para luchar contra el pecado que habita en nosotros y se manifiesta en la soledad. Danos la fuerza de tu Espíritu, para que, viviendo en actitud de oración y compromiso apostólico, nos conformemos con Jesús y seamos artesanos en la construcción de la Civilización del Amor.

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(3 Avemarías por las intenciones del Santo Padre).