«En el Sodalicio aprendí a amar y servir a la Iglesia con sus grandezas y miserias»

Lima, 20/12/19 (Noticias del Sodalicio – Perú). El pasado 16 de diciembre nuestro hermano sacerdote, el P. Juan Carlos Rivva, celebró una Santa Misa con motivo de su trigésimo aniversario de ordenación sacerdotal en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación donde se desempeña como párroco.

P. Juan Carlos Rivva junto a su familia en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación

Hoy, conversamos con él para que nos cuente su experiencia de vida sacerdotal en nuestra comunidad.

¿Qué significa para ti alcanzar 30 años de sacerdocio?

Es una ocasión para darle gracias al Señor que me llamó, sin ningún mérito de mi parte, a esta misteriosa y grandiosa vocación y que me ha sostenido con su gracia a lo largo de estos años. Agradecerle también a la Virgen que me ha protegido tanto. Así como a mi familia, mis hermanos sodálites y tantos amigos y amigas que Dios me ha concedido a lo largo de estos años.

Ordenación sacerdotal del P. Juan Carlos Rivva

En estos 30 años, ¿cuál consideras que ha sido la mayor bendición que Dios te ha dado?

Sin duda, la celebración de los sacramentos; especialmente de la Santa Misa, en la que experimento que es lo mejor que puedo hacer por la humanidad. También la experiencia de paternidad espiritual y de amistad que me configura con el corazón del Buen Pastor.

¿Qué papel ha tenido la Virgen María en todo este tiempo de sacerdocio?

De María quiero aprender a ser humilde, sencillo, servicial, a tener un corazón puro y a abrazarme a la Cruz. Pero sobretodo he sentido su protección y su consuelo en los momentos más difíciles.

P. Juan Carlos Rivva ofreciendo el Sacramento de la Reconciliación

¿De qué manera el Sodalicio ha ayudado en tu vida y formación como sacerdote?

Yo no sería sacerdote si no hubiese conocido al Sodalicio. Aunque recibí la fe de mi familia y de mi colegio, creo que aprendí a conocer más al Señor Jesús y a la Virgen en el Sodalicio, y especialmente aprendí a amar y servir a la Iglesia con sus grandezas y miserias.

Aunque seguramente existieron vacíos y excesos en la formación que recibí en el Sodalicio, vivo muy agradecido con el Señor por todo lo que aprendí durante mi tiempo de formación que forjó mi corazón para ser sacerdote.

Dios es tan bueno, que —a pesar de todos los problemas que hemos vivido— no tengo heridas en el corazón que sanar. Sólo sentimientos de gratitud. Aunque, consciente de mis pecados y omisiones, sí quiero pedirle perdón una vez más a las personas que yo pueda haber ofendido alguna vez.

P. Juan Carlos Rivva junto a su familia durante sus primeros años de sacerdocio