Gustavo Sánchez: «Encontrarme personalmente con el Papa es una experiencia única y maravillosa»

Roma, 26/12/19 (Noticias del Sodalicio – Italia). En el marco de su quincuagésimo aniversario, la Comisión Teológica Internacional (CTI) recibió la visita del Santo Padre Francisco el pasado 29 de noviembre en la Ciudad del Vaticano. Nuestro hermano, el Dr. Gustavo Sánchez Rojas, es miembro de la CTI y estuvo presente en dicho encuentro. Hoy nos cuenta su experiencia de cercanía con el Papa y su trabajo en la Comisión.

Gustavo Sánchez Rojas saludando al Papa Francisco durante su visita a la Comisión Teológica Internacional

¿De qué manera crees que la cercanía del Papa ayuda a los trabajos de la CTI?

La cercanía del Papa es importante, pero es una cercanía de inspiración más que de presencia. Cuando la CTI trabaja quien preside las reuniones es el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis Francisco Ladaria Ferrer, S. J.

El Papa es cercano por su magisterio, es cercano por sus orientaciones, por su palabra. Y en ese sentido, él a través de sus enseñanzas, sugiere o propone temas que la CTI puede investigar y que de hecho, investiga. Eso es lo que ha pasado específicamente con el tema de la sinodalidad a pedido expreso del Santo Padre y también con el tema de la libertad religiosa; temas de los que han sido publicados dos documentos muy importantes.

En este encuentro Francisco les agradeció por las publicaciones ‘La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (2018)’ y ‘La libertad religiosa para el bien de todos (2019)’. ¿Qué nos puedes contar sobre ambos textos.

Son dos textos muy importantes que tratan sobre cuestiones de mucha actualidad. Una referida a la vida de la Iglesia que es la sinodalidad y otra referida a la relación entre la Iglesia y el mundo, que es el tema de la libertad religiosa.

Sobre la sinodalidad pienso, personalmente, que es el gran aporte del Papa Francisco a la eclesiología actual; es algo que el Papa tiene muy presente y que, seguramente, surge de su experiencia eclesial en América Latina cuando era arzobispo de Buenos Aires, por su vinculación con el CELAM y, con mucha seguridad, por su participación en la Conferencia General de los Obispos de América Latina y el Caribe en Aparecida en el año 2007. La sinodalidad es una realidad muy antigua. Existe desde que existe la Iglesia. Y por lo tanto, no se trata de un invento nuevo ni mucho menos. Es simplemente recuperar un dato de tradición que ha traído muchísimos frutos: concilios, sínodos particulares, muchas enseñanzas para el pueblo de Dios, y que actualmente debe ser entendido como el modo cómo todos los fieles, sacerdotes, religiosos y laicos participamos en la vida de la Iglesia, en las grandes decisiones que hay que tomar, pero, evidentemente, cada uno desde su propio lugar, misión y carisma.

Encuentro de los miembros de la Comisión Teológica Internacional con el Papa Francisco en la Ciudad del Vaticano

La sinodalidad entendida así es la dimensión operativa de la comunión, y ésta es una gran enseñanza del Concilio Vaticano II. Y en ese sentido, es importante la vivencia de la sinodalidad para plasmar lo que es el gran proyecto de Francisco de una Iglesia misionera. La sinodalidad, estoy seguro, puede ayudar mucho a que la Iglesia cumpla, con eficacia, su misión, su tarea de ser evangelizadora, de ser una Iglesia en salida como lo ha pedido el Papa desde la exhortación apostólica Evangelii Gaudium.

Y la libertad religiosa es importante porque hoy en día se ve esta libertad amenazada. No sólo en países no cristianos o no católicos, como por ejemplo los países islámicos donde, efectivamente, la libertad religiosa es recortada por el estado, que impide la la promulgación o la proclamación del Evangelio, está prohibido hacer este apostolado cristiano en los países musulmanes como como bien sabemos; sino también en occidente donde la prohibición es, de repente, no tan drástica o brutal como en los países musulmanes pero, sin embargo, se da a partir de la calumnia, la difamación de los medios de comunicación en que se da de facto una situación de acorralamiento a la Iglesia. Y en ese sentido, aunque no sé diga expresamente y aunque a veces se proclame lo contrario, sí hay un recorte de la libertad religiosa en occidente por parte de estados secularizados o directamente ateos y anticlericales. Las mismas Naciones Unidas, con la promulgación de diversas ideologías, sobre todo de la ideología de género, alienta y genera un ambiente propicio para que se dé esta especie de recorte de la libertad. Todos pueden hablar, todos pueden ser libres menos los católicos. Todos pueden proclamar y promover derechos —incluso irreales— menos la Iglesia Católica. Entonces en ese sentido, este documento, La libertad religiosa para el bien de todos, es ciertamente muy importante.

¿Cuál es tu experiencia al trabajar en la CTI desde tu nombramiento en 2014?

Ha sido una experiencia magnífica, una experiencia maravillosa y, en lo profesional, es decir a nivel teológico, muy gratificante, muy enriquecedora. Yo quisiera particularmente destacar dos elementos. Primero, no es solamente el hecho de ir a contribuir con lo poco o mucho que pueda saber, sino, sobre todo para mí, ha sido un momento de aprendizaje muy grande. Me gusta decir que la participación en la CTI en estos años, desde el 2014 hasta el año 2019, en que culminamos nuestro quinquenio, ha sido como una segunda Facultad de Teología; es decir, un momento en el que me ha tocado aprender muchísimo escuchando a mis colegas, grandes figuras teológicas a nivel mundial, escuchando también las diversas problemáticas teológicas que hayan surgido en sus respectivos países y, en general, aprendiendo también lo que significa ver todas estas realidades desde Roma, desde una Comisión que está al servicio de la Santa Sede, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Las cosas desde Roma se ven, ciertamente con un enfoque más enriquecedor y más universal.

Gustavo Sánchez haciendo entrega al Papa una copia de su libro ‘Alegría, Misericordia, Encuentro. El magisterio pastoral de Francisco’

En segundo lugar, otra experiencia muy valiosa ha sido el ambiente de amistad, de cercanía espiritual muy grande que se daba entre todos mis colegas. Todos somos teólogos, todos somos  profesores, todos participamos de una misma misión y, en ese sentido, se generaba una cercanía, una amistad y una compenetración muy grandes, compenetración de ideales, compenetración de fuerzas, compenetración también de expectativas. Yo he aprendido mucho escuchando a otros, yo me he sentido muy edificado escuchando a otras personas. Pienso que esta realidad teológica va a producir muchísimos frutos. Los documentos que se han ido publicando son el canal para que se transmita lo que es esa experiencia teológica que pueda ayudar a otros hermanos a mejor comprender la fe, a mejor vivirla y también a mejor difundirla.

¿Cómo fue tu encuentro personal con el Papa?

La experiencia de encontrarme personalmente con el Papa, saludar personalmente —y hablo desde mi propia experiencia— al Vicario de Cristo en la Tierra, al sucesor de San Pedro es una experiencia única y maravillosa. Yo cuando lo saludé la primera vez sentía como que dos mil años de historia estaban ahí ante mí estrechándome la mano, que estaba ante el sucesor de Pedro. Y fue una experiencia realmente maravillosa, más aún sabiendo que el Papa Francisco es latinoamericano como yo, que su experiencia eclesial ha sido en un sentido, como la mía, como latinoamericano también, y que podíamos comunicarnos y hablar en castellano. Ha sido una cuestión fabulosa, es algo que atesoraré durante toda la vida en mi corazón.

Yo pude regalarle al Papa algunos de mis libros, particularmente, recuerdo cuando le regalé mi libro ‘Alegría, Misericordia, Encuentro. El magisterio pastoral de Francisco’ y el Papa, cuando vio el libro, se entusiasmó y me pregunto de qué trataba; yo le dije que era sobre su magisterio, sobre sus enseñanzas y le agradecí también su magisterio en Perú.

Mi encuentro personal con el Papa en este tiempo de trabajo en la CTI es una experiencia grandiosa que también la entiendo como una bendición no solamente para mí, también para la comunidad sodálite, para la Iglesia de Lima, la Facultad de Teología y también para todos los peruanos.