“La fecundidad del Sodalitium, sus comunidades hermanas y movimientos viene de vivir la Nueva Evangelización”

Lima, 19/12/12, (Noticias sodálites – EE.UU.). El Arzobispo de Philadelphia, Mons. Charles Chaput, quien participó de la IV Asamblea General del Sodalicio de Vida Cristiana, se dirigió a los miembros del Sodalicio y recordó a la Familia Sodálite en su conferencia “Las Nuevas comunidades y la nueva Evangelización”.

Mons. Charles Chaput, O.F.M. Cap es obispo desde 1988, fue nombrado Arzobispo de Philadelphia (EE.UU.) y tomó posesión el 8 de setiembre de 2011. En esta oportunidad se dirigió a la Familia Sodálite como un nuevo carisma que está evangelizando en los cinco continentes donde tiene presencia. A continuación la traducción del texto, publicado en la página web de su arquidiócesis, pronunciado por Mons. Chaput.

Las nuevas comunidades y la Nueva Evangelización

En 1541 un joven partió del puerto de Lisboa a predicar el Evangelio en Asia. Nunca volvió a ver a su familia, sus amigos más cercanos o Europa. Él murió 11 años más tarde en una isla frente a la costa de China y a sus hermanos en Roma le tomó dos años enterarse de la noticia. Hoy lo recordamos a él como el cofundador de la Compañía de Jesús y como el más grande misionero desde San Pablo.

En tan sólo unos días, el 3 de diciembre, celebraremos su festividad y a pesar de que muchos años y muchos kilómetros nos separan de la obra de San Francisco Javier, él es el patrono perfecto para nosotros en nuestro tiempo. Obviamente, el Sodalitium y los jesuitas son comunidades muy diferentes: el Sodalitium tiene su propio don y sentido únicos. Dios va a usar el don de sus vidas para lograr cosas que ninguna otra comunidad puede.

Pero los santos pertenecen a todos nosotros —y de muchas maneras, cada Sodálite ha hecho la misma opción que hizo Francisco, dejando atrás su antigua vida y seguir a Jesucristo—. Cada Sodálite ha pagado un precio por su elección y cada uno de ustedes personalmente ha demostrado su amor a Dios y su capacidad de servir, como lo hizo Francisco; sino fuera así, ustedes no estarían hoy aquí como líderes.

Muy pocos estadounidenses entienden el tipo de valentía que necesitaban Alexi y Mario Salazar para dejar todo lo que tenían en el Perú, mudarse a los Estados Unidos, comenzar el Movimiento de Vida Cristiana, y convertirse en parte de la vida de mi pueblo, como Iglesia y como nación.

Muy pocos estadounidenses saben de la perseverancia que necesitaron Rossana Goñi y sus hermanas para fundar la Fraternidad Mariana en Denver; o José Ambrozic y sus hermanos para comenzar el Sodalitium; o Alejandro Bermúdez para comenzar la agencia de noticias católica: Aciprensa.

Muy pocos estadounidenses saben de la paciencia y la humildad que todos estos esfuerzos apostólicos demandaron. Pero yo creo que sí sé porque los vi dar sus frutos.

Dios ha hecho algo extraordinario a través del celo de cada uno de los miembros del Sodalitium. Como obispo, he visto los resultados, así que antes de hacer cualquier otra cosa, tengo que decir: Gracias por su servicio a Jesucristo y a la Iglesia.

Hoy quiero hacer tres cosas sencillas: en primer lugar, voy a compartir algunas observaciones sobre la situación general de la Iglesia; en segundo lugar, voy a hablar sobre el papel de las nuevas comunidades y carismas como el Sodalitium en la nueva evangelización; y tercero, voy a ofrecerles algunas reflexiones a este grupo como un hermano en la vida consagrada, basándome en mi propia experiencia como capuchino y obispo. También tengo un cuarto punto a mencionar: en realidad, es más bien una historia. Volveré a ella al final de mi intervención.

Veamos en primer lugar el estado de la Iglesia. Algunos años antes de ser elegido Papa, a Joseph Ratzinger le preguntaron qué pensaba acerca de la salud de la Iglesia. El contestó que a ella le estaba yendo muy bien, simplemente que era mucho más pequeña de lo que la mayoría de gente pensaba. Él tenía toda la razón. Tenemos que pensar en la Iglesia de nuestro tiempo como una semilla de vida incrustada en las capas de tejido muerto y desafiante. También tenemos que distinguir la Iglesia en el mundo emergente de la Iglesia en las naciones desarrolladas.

En el mundo emergente, la Iglesia tiene pocos recursos materiales y casi nunca tiene dinero suficiente para educación, desarrollo o el ministerio. Ella se enfrenta a un crecimiento islámico bien financiado y agresivo, y las sectas y grupos religiosos competidores de todo tipo. Ella sufre diversas formas de hostigamiento y persecución estatal en China, Corea del Norte, Vietnam, todo el mundo islámico, e incluso en la India.

La situación en los países desarrollados es más ambigua. En algunos lugares, la Iglesia tiene amplios recursos y soporta una amplia variedad de importantes instituciones educativas y ministerios de servicio. A menudo tiene una voz pública eficaz.

Pero la influencia Católica, y de otros Cristianos, en el transcurso de la vida cotidiana del mundo desarrollado está disminuyendo rápidamente. Las estadísticas de culto católicos en Europa occidental son muy bajos. El número de personas que se identifican como católicos está disminuyendo y, mientras que la creencia y la práctica religiosa estadounidense siguen siendo alta para los estándares europeos, estos hechos están cambiando. Apenas 75 millones de estadounidenses afirman ser católicos, pero menos de una cuarta parte de ellos asisten a misa casi todos los domingos. Un 69 por ciento de los adultos estadounidenses católicos dicen que no alentaría a alguien a convertirse en un sacerdote o religiosa. Las implicaciones de ese último dato, para la vida sacramental y apostólica de la Iglesia en los Estados Unidos, es enormei.

¿Cómo sucedió esto? Yo sólo puedo hablar por mi propio país. Los fundadores de Estados Unidos eran mucho más amigables con la fe religiosa que sus homólogos revolucionarios franceses, y hasta bien avanzada la década de los años 40 el gobierno estadounidense y los organismos religiosos a menudo trabajaban apoyándose mutuamente —de manera muy eficaz— para servir al bien común.

Pero hay un defecto en el código genético americano. El jesuita erudito, John Courtney Murray, lo mencionó hace más de 70 años. Murray dijo una vez que Estados Unidos es a la vez una tierra «de inmenso bienestar material » y «de un tipo muy peculiar de inmenso sufrimiento que destruyen el alma»: una nación impulsada por el ansia de dinero y el miedo a la vida sin élii.

Desde su fundación, ha sido siempre Estados Unidos una paradoja: un país del individualismo feroz y del anhelo de éxito material, templado por la difundida fe cristiana y la comunidad. Si las iglesias declinan, el egoísmo y la codicia aumentan, y esto es exactamente lo que ha ocurrido en los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El Padre Murray, escritor de mediados del siglo XX, esperaba que los católicos proporcionarían un alma cristiana a la vida estadounidense de una forma que los protestantes ya no podían hacerlo. Sabemos cómo terminó eso. El investigador de Notre Dame, Christian Smith, y sus colegas, han seguido con gran detalle la vida espiritual de los adultos jóvenes y los adolescentes de hoy en díaiii y los resultados son inquietantes. Así lo son también las implicancias para la vida católica en las próximas décadas.

La verdadera religión de un gran número de jóvenes estadounidenses es una especie de borrosa amabilidad moral, con un Dios fácil y poco exigente, pendiente de hacer que la gente se sienta feliz cuando ellos lo necesitan. Es lo que Smith llama «deísmo terapéutico moralista.» para decirlo con las palabras de una joven de Maryland: «[La fe es] justo lo que te hace sentir bien acerca de ti.» iv.

Este es el legado que mi generación ha dejado a la Iglesia en los Estados Unidos. Para todos los propósitos prácticos, los católicos estadounidenses no son diferentes a todos los demás en sus puntos de vista, sus deseos y sus comportamientos. Esto no es lo que el Concilio Vaticano II tenía en mente cuando comenzó su labor hace 50 años ni es lo que el Concilio Vaticano II entiende por reforma. Abandonada a sí misma, la vida de la Iglesia en mi país no va a mejorar sino que se va a poner peor.

Por desgracia, lo que sucede en mi país impacta a todos los demás. Los países desarrollados no dirigen sólo a través del «poder severo» de la fuerza militar, económica y política sino que también dirigen a través del «poder blando» de sus medios de comunicación, medios que nos dicen qué desear, a quién creer, lo que califica como noticia, y cuando reír. El mundo desarrollado crea los deseos, aspiraciones y sueños del planeta, y los sueños —aún hoy— llevan el sello de «Made in America».

Esto me lleva a mi segunda idea: el papel de las nuevas comunidades y carismas como el Sodalitium en la nueva evangelización. Desde el exterior, a menudo la Iglesia en mi país se ve fuerte. Tenemos edificios, ministerios y programas, pero estos son engañosos porque la vida de la Iglesia católica se está debilitando desde el interior. El ritmo de ese debilitamiento está aumentando a medida que los jóvenes se desprenden de la cultura católica. Mi propia ciudad, Filadelfia, es un excelente ejemplo de cómo esto ya está sucediendo.

No tiene que ser de esta manera necesariamente. Decenas de miles de jóvenes, hombres y mujeres católicos, toman su fe en serio; ellos tratan de vivirla vigorosamente. Más de 17 millones de católicos estadounidenses dan culto en la Misa Dominical todas las semanas, y el doble de ese número va misa al menos una vez al mes. Millones apoyan a la Iglesia económicamente, y muchos participan activamente en sus parroquias y en otros ministerios además del culto del domingo. Estas son realidades buenas sobre la cual se puede construir. En los Estados Unidos, la fe no es sólo un recuerdo, está todavía viva, pero no hay manera de que podamos volver a los «días de gloria» del pasado como un modelo para el futuro.

La vida de la Iglesia Católica tiene que encenderse de nuevo. La cultura americana es un nuevo tipo de tierra de misión. Es un capullo de apetitos de marketing, de entretenimiento y de manufacturados; un narcótico de la distracción, el ruido y propaganda incesante para la auto-absorción y la sexualidad confundida. Estar en las semanas previas a la Navidad en los Estados Unidos es una enseñanza de lo que la cultura realmente adora: ella adora el comercio.

El auténtico discipulado cristiano rechaza y resiste al tipo de radical licencia personal y a la codicia que anima a la sociedad consumista. Por eso, cuando la Iglesia Católica enseña acerca de la dignidad del niño no nacido, la finalidad de la sexualidad humana, la justicia en la economía y en la inmigración, los derechos de las comunidades religiosas y de los creyentes, y la naturaleza del matrimonio y de la familia, Ella no es sólo «poco popular» sino que es odiada como si fuera el enemigo de la vida privada y de la libertad personal, y ese tema da forma a la manera en que se trata de la Iglesia en los medios de comunicación.

Para que los católicos de mi país recuperen su vocación como Iglesia, tienen que ser despertados, necesitan una razón para estar de nuevo celosos de su fe. Necesitan escuchar el testimonio de personas como ustedes que viven la fe católica con confianza y alegría. Ellos necesitan ver su iglesia creciente y fructífera, y joven otra vez, en lugar de constantemente en retirada y en declive.

Éste es el valor de las nuevas comunidades y movimientos eclesiales, están vivos en Jesucristo, y su nueva vida y energía se derrama en toda la Iglesia. Lo que el Sodalitium aporta a la Iglesia es una visión clara y honesta de nuestras realidades pastorales, incluyendo las fallas y defectos de la Iglesia misma; una visión templada por el amor, gobernada por la fidelidad, pero sin las trabas de herencia, los hábitos del pasado o un vigor por mantener las cosas como están.

La esencia de las nuevas comunidades es un nuevo espíritu de igualdad cristiana fundada en el mandato del bautismo, honrando a cada vocación en la Iglesia por su importancia y tarea única, pero reconociendo que la llamada a la santidad es universal, y que la misión de hacer «discípulos a todas las naciones» pertenece a todos nosotros en igual medida: ordenados, consagrados y laicos.

Una impaciencia santa, la pasión de la juventud, una comprensión sobria de la cultura que nos moldea, un celo por Jesucristo guiados por una profunda formación intelectual, y una exigencia de la excelencia en todas las cosas para el bien de la gloria de Dios: todos estos son huellas del Sodalitium, y son las herramientas que Dios usa a lo largo de la historia para hacer nuevas todas las cosas. La fecundidad del Sodalitium, sus comunidades hermanas y movimientos viene de vivir la Nueva Evangelización, sin transigencia y a un coste personal en lugar de planeamientos y discusiones que en realidad nunca se llevan a la práctica.

Nada es más poderoso que el testimonio de los hombres y mujeres cristianos amando a Dios y sirviendo al pueblo de Dios, trabajando juntos y compartiendo sus vidas llenas de coraje, alegría y amistad. En una época de individualismo agresivo y el aislamiento que engendra, los nuevos movimientos eclesiales ofrecen dos regalos absolutamente invaluables: comunidad y sentido.

Volvamos finalmente al tercer objetivo: ofrecerle sólo algunas reflexiones breves como un hermano en la vida consagrada, que también sirve como un obispo. Mi familia religiosa son los capuchinos que comenzaron como un movimiento de reforma dentro de los franciscanos. Querían volver a la pura observancia de la vida que Francisco había querido para su orden: vivir el Evangelio sine glossa (sin glosa), en otras palabras, sin el tipo de «comentario» que en su interpretación quita las exigencias del Evangelio.

La ironía, por supuesto, es que los propios franciscanos comenzaron como un impulso reformador dentro de la Iglesia en general, pero dentro de unas pocas décadas, los franciscanos comenzaron a suavizar y acomodar sus vidas a los patrones de su tiempo. Para muchos de los frailes, la pasión del fundador se debilitó hasta convertirse en una memoria, y luego en un ideal, y luego en una buena intención.

Su fundador está todavía con ustedes. Esa es una gran bendición, y siguen siendo una comunidad joven, pero es parte de la naturaleza humana la transigencia, poner excusas, volverse perezoso, alejarse de la misión original. La vida consagrada es un acto de equilibrio entre el rigor y la necesaria adaptación. Por su naturaleza, el Sodalitium está compuesto predominantemente por laicos consagrados y se involucra activamente en el mundo. Las necesidades del apostolado van a cambiar con el tiempo y de un lugar a otro, pero es vital para el Sodalitium constantemente llevar a sus miembros de vuelta a anclarse en el carisma original de la comunidad, y a luchar contra la tendencia natural hacia la inercia, el hábito y el deseo de comodidad que finalmente desafía a cada comunidad consagrada.

Sean exigentes consigo mismos, y pacientes con sus hermanos. Suena sencillo y lo es, sólo que también es muy difícil. También sean pacientes con la Iglesia. Dios obra en las nuevas comunidades y los movimientos de la misma manera que una vez lo hizo con el nacimiento de las grandes órdenes religiosas. El Sodalitium es una nueva forma de servicio para un tiempo nuevo, pero no todo el mundo ve eso, y no todo el mundo quiere verlo. Para algunos católicos, entre ellos algunos obispos y sacerdotes, los nuevos movimientos eclesiales son extraños, amenazantes o simplemente irrelevantes. Eso va a cambiar. Las necesidades de la Iglesia en el mundo desarrollado serán más dolorosas y más urgentes en las próximas décadas, y las nuevas comunidades dan vida donde no la hay, pero se necesita tiempo.

Oren juntos y solos. Eso me parece demasiado obvio como para mencionarlo, pero una de las peores tentaciones en el ministerio activo es sustituir una verdadera amistad con Jesucristo por el trabajo. Si no pasamos tiempo con Él, no podemos amarlo.

Por último, cuando el mal abunda, abunda más la virtud. Del mismo modo, donde abunda la virtud, esperen que el diablo interfiera. Esperen pruebas: el pecado y el fracaso son parte de la vida consagrada, tan cierto como que son parte de la vida sacerdotal y laical. La santidad consiste en intentar una vez tras otra, tras otra, a vivir la vida de un santo, y ayudar a otros a hacer lo mismo. Tenga confianza en la santidad del camino en que su comunidad está, y sepan que tiene muchos, pero muchos hermanos, muchos familiares y amigos como yo que rezan por ustedes todos los días.

He hablado principalmente sobre la Iglesia en el mundo desarrollado de hoy, porque esa es la Iglesia a la que sirvo y el mundo que mejor conozco. Los problemas que enfrenta la Iglesia son reales. Ellos pueden hacernos olvidar que Dios nos hizo para la alegría y no la tristeza, para la felicidad y no el miedo. Pero de vez en cuando, Dios nos recuerda que sólo conocemos una pequeña parte de su historia, y la historia completa puede ser mucho mayor y muy diferente de lo que pensamos.

Tengo un conocido, Joe Mahoney, quien se desempeñó como capitán de cuerpo de marines de los EE.UU. en Vietnam. Fue destinado a Dong Ha, muy cerca de la frontera de Vietnam del Norte. A causa de los combates, era un lugar peligroso para cualquiera, incluyendo a los lugareños. Una vez allí, se encontró con un joven sacerdote vietnamita, el padre Paul Thanh Hoan, que dirigía una parroquia y un hogar para huérfanos llamado la Paloma Blanca. Usando restos de madera y otros materiales desechados que consiguió de la guerra, Joe ayudó al sacerdote construir literas y dos nuevas viviendas para los huérfanos, y finalmente, un sistema de alcantarillado. Joe y el Padre Paul se hicieron amigos pero Joe regresó a su casa en octubre de 1968, y como muchos de los veteranos, no quiso pensar en Vietnam por años.

Después de la guerra, Joe asumió que el sacerdote había sido asesinado por los comunistas o muerto en prisión. A principios de esta primavera, 44 años después de dejar Dong Ha, Joe encontró al padre Paul en Internet y lo visitó en Vietnam a principios de este mes. El Padre Paul sobrevivió a la guerra, salvó a sus huérfanos y nunca fue enviado a los campos de prisioneros.

Hay más. El Padre Paul se convirtió en el obispo Paul, ordinario de la diócesis de Phan Thiet. El obispo Paul, ahora retirado, fundó una comunidad de servicio cristiano cuyos miembros enseñan costura y la cría de cerdos a la población local, y operan estaciones de purificación de agua y pensiones para mujeres y hombres jóvenes. También operan cinco dispensarios médicos que tratan a cientos de personas cada día, y decenas de miles de personas cada año. Lo más importante: todo lo que la comunidad hace está construido alrededor de la oración, la misa diaria y la devoción eucarística.

Un domingo durante su visita Joe asistió a misa a las 5pm en la Parroquia de Todos los Santos en Saigón. La iglesia tiene capacidad para 500 personas y estaba llena. El patio de la iglesia con capacidad para 600 también estuvo lleno. Así que Joe estuvo en la calle en una inmensa multitud con otras 800 personas y escuchó la Liturgia por altavoces. La edad promedio de los fieles era entre los 20 y 30 años. No había gente de edad, los ancianos asisten a misa a las 5am para evitar el tráfico de la ciudad.

En un país donde la gente es pobre y la Iglesia está bajo la constante presión de un gobierno hostil, la vida de la Iglesia Católica no está simplemente sobreviviendo, está prosperando. El cristianismo está creciendo en todo el hemisferio sur, de hecho, está creciendo más rápidamente que cualquier otra religión, incluyendo el Islam. La lección es la siguiente. Lima, Filadelfia y Vietnam están separados no sólo por la geografía, sino también por el idioma, la cultura y la historia, pero el amor de Jesucristo es el mismo. La presencia de Dios en la vida de sus discípulos es la misma y la amistad de personas que sirven al Hijo de Dios puede superar todas las barreras de tiempo y distancia, porque la misión es siempre la misma: llevar a Jesucristo al mundo y el mundo a Jesucristo.

Cuando Francisco Javier salió de Lisboa en 1541, la tarea encomendada a él por el rey de Portugal era restaurar la fe de los colonos y comerciantes portugueses de la India. Dios tenía otros planes. Dios lo usó para evangelizar Asia. Dios va a usar el Sodalitium y otras nuevas comunidades y movimientos en formas que no podemos ver, y que darán sus frutos mucho después de que Luis Fernando y yo nos hallamos ido, pero doy gracias a Dios por el privilegio de estar presente en los comienzos.

i. Los datos estadísticos en esta charla son tomados del reporte de la investigación del CARA a los obispos americanos de
noviembre 14 del 2012.

ii. John Courtney Murray, S.J “The Construction of a Christian Culture,” Woodstock Theological Library, 1940

iii. Ver.: Christian Smith and colleagues, Lost in Transition: The Dark Side of Emerging Adulthood, Oxford University Press, New York, 2011; y Soul Searching; The Religious and Spiritual Lives of American Teenagers, Oxford University Press, New York, 2005

iv. Del texto de Smith, “On Moralistic Therapeutic Deism as U.S. Teenagers’ Actual, Tacit, De Facto Religious Faith,” Princeton Theological Seminary, 2005; adaptado de su libro Soul Searching.