La Sábana Santa nos introduce en el insondable misterio de la muerte

Lima, 18/04/14 (Noticias sodálites – Perú). La Sábana Santa, el lienzo que se encuentra en la Catedral de San Juan Bautista en la ciudad italiana de Turín, constituye un desafío para la humanidad; ya que ella nos introduce en el misterio más insondable que cada ser humano tendrá que atravesar: la muerte. Rafael de la Piedra nos comparte sus reflexiones al respecto.

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Rafael Guillermo de la Piedra Seminario es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana y estudioso de la Sábana Santa de Turín, el lienzo que según la tradición cubrió el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo luego de haber muerto en la Cruz, nos comparte una profunda reflexión sobre su relación con la Semana Santa:

Hemos  recordado con toda la Iglesia —en el Domingo de Ramos— la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén,  pero también asociamos esa entrada a los misterios de su Pasión y Muerte ya que en la misa del día se lee el relato completo de la Pasión de Cristo.

Considero oportuno por ello reflexionar sobre algunos temas de la Semana Santa y su relación con la Sábana Santa. Es un lienzo que muestra —en la imagen central— la figura de un hombre con todas las características de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y cuya formación sigue siendo inexplicable hasta el día de hoy.

Pero ¿qué es lo central, lo fundamental de la Semana Santa? Sin duda es la muerte y la ausencia de aquel Dios – Hombre que paga el alto precio de su propia vida para que podamos llegar a la eternidad. Es el misterio del Viernes Santo que se prolonga y se vive de manera muy particular hasta el Sábado Santo.

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Benedicto XVI —hoy dedicado a la vida de oración—, en ese sentido, nos ha dejado unas hermosas palabras pronunciadas ante la Sábana Santa de Turín: “el escondimiento de Dios forma parte de la espiritualidad del hombre contemporáneo, de manera existencial, casi inconsciente, como un vacío en el corazón que ha ido haciéndose cada vez mayor. Al final del siglo XIX, Nietzsche escribió: «¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!». Esta famosa expresión, si se analiza bien, está tomada casi al pie de la letra de la tradición cristiana; con frecuencia la repetimos en el vía crucis, quizá sin darnos plenamente cuenta de lo que decimos. Después de las dos guerras mundiales, de los lagers y de los gulags, de Hiroshima y Nagasaki, nuestra época se ha convertido cada vez más en un Sábado Santo: la oscuridad de este día interpela a todos los que se interrogan sobre la vida; y de manera especial nos interpela a los creyentes”.

Pero esa muerte desconcertante, paradójica y misteriosa es —en palabras de Benedicto XVI— la “llave para atravesar la puerta hacia la felicidad”.  Y es que, al ser un misterio insondable, la muerte nos va manifestar por un lado nuestra condición humana limitada; pero nos va revelar nuestra auténtica vocación: la vida eterna.

Es, en ese sentido, como dice Benedicto XVI,  una paradoja: “esto me hace pensar en el hecho de que la Sábana Santa se comporta como un documento «fotográfico», dotado de un «positivo» y de un «negativo». Y, en efecto, es precisamente así: el misterio más oscuro de la fe es al mismo tiempo el signo más luminoso de una esperanza que no tiene confines”.

La Sábana Santa, sigue diciendo Benedicto, nos habla de ese momento, “es testigo precisamente de ese intervalo único e irrepetible en la historia de la humanidad y del universo, en el que Dios, en Jesucristo, compartió no sólo nuestro morir, sino también nuestra permanencia en la muerte… Jesucristo, permaneciendo en la muerte, cruzó la puerta de esta soledad última para guiarnos también a nosotros a atravesarla con él”. Entonces podemos decir que en la hora de la máxima soledad nunca más estaremos solos.

La victoria sobre la muerte es el fundamento de nuestra la fe. “La fe, al recordarnos la victoria de Cristo, nos comunica la certeza de que el sepulcro no es el fin último de la existencia. Dios nos llama a la resurrección y a la vida inmortal” decía el Beato Juan Pablo II.

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¿Cómo entender la resurrección de Cristo? Ante todo debemos tomar en cuenta que estamos ante un hecho que va más allá de una explicación racional. Más aún para los mismos seguidores de Jesús les resultaba algo muy difícil de entender.

Como dice Benedicto XVI en su libro sobre Jesucristo: “No conocer la corrupción, ésta es precisamente la definición de resurrección (…) La resurrección implica esencialmente que el cuerpo de Jesús no sufra corrupción (…) La resurrección da entrada al espacio nuevo que abre la historia más allá de sí misma y crea lo definitivo”.

Y vemos entonces como la venerada imagen de la Sábana Santa nos va hablar de un cuerpo yaciente que  no ha sufrido los estragos de la muerte y de la putrefacción.  Es el rostro sereno y luminoso de Aquel que ya está viendo la victoria  más allá del tiempo y del espacio.

Dice Benedicto XVI: “Me parece que al contemplar este sagrado lienzo con los ojos de la fe se percibe algo de esta luz. La Sábana Santa ha quedado sumergida en esa oscuridad profunda, pero es al mismo tiempo luminosa; y yo pienso que si miles y miles de personas vienen a venerarla, sin contar a quienes la contemplan a través de las imágenes, es porque en ella no ven sólo la oscuridad, sino también la luz; más que la derrota de la vida y del amor, ven la victoria, la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio; ciertamente ven la muerte de Jesús, pero entrevén su resurrección; en el seno de la muerte ahora palpita la vida, pues en ella habita el amor”.