Misión MVC Argentina: Un verano lleno de fe y esperanza en Pergamino y General Conesa
Del 26 de diciembre al 3 de enero, el Movimiento de Vida Cristiana (MVC) Argentina llevó a cabo su Misión de Verano 2024-2025 en las localidades de Pergamino y General Conesa. Dos grupos de 60 misioneros cada uno, provenientes de distintas localidades y países, se unieron para compartir la alegría de la fe y llevar el amor del Señor Jesús a estas comunidades.
Luli Alborja, encargada de comunicaciones de la misión del MVC Argentina compartió que para esta edición recibieron a seis emevecistas de otros países. Entre ellos, participaron cuatro misioneros de Lima, Perú; uno de Petrópolis, Brasil, y un sodálite de Guayaquil, Ecuador. “Esto creó vínculos muy lindos de hermandad dentro de nuestra familia espiritual”, agregó.
Uno de los misioneros fue Facundo Dollera quien describió la misión como “un espacio donde por 10 días entregás todo, pero a cambio recibís una alegría inmensa y te sentís lleno. La misión te impulsa a vivir con amor, fuente esencial del ser humano pero que a veces la pasamos por alto, y nos ayuda a ser un poquito mejores con la gente a nuestro alrededor, con nosotros mismos y con Dios”.
La misión: servicio y comunión
Las actividades diarias comenzaban temprano, con momentos de oración, formación espiritual y reflexión en grupo. Santos Basaldúa, encargado del grupo misionero en Pergamino, explicó: “Antes de salir a misionar, tuvimos formación basada en los frutos del Espíritu Santo. Cada día meditábamos sobre uno de los frutos, luego rezábamos la lectio divina con una cita del Evangelio relacionado al tema”.
“Por las mañanas, salimos dos horas a misionar a las personas del barrio. Visitamos las casas para rezar y meditar en la Palabra con las familias, también con las personas que pasaban por las calles. Cuando la gente nos abre las puertas, también le abre las puertas a Dios”, comparte Santos.
Las tardes estaban dedicadas a talleres para niños, jóvenes, adultos y ancianos. “En el hogar de ancianos de Pergamino, un grupo de chicos alegraron el día a los abuelitos con música y juegos”, relató.
En General Conesa, las actividades fueron igualmente enriquecedoras. Milagros Epelde, encargada del grupo en esta localidad, comentó: “Visitamos casas, hospitales y el asilo. Los talleres que organizamos permitieron a los misioneros poner al servicio sus dones, entendiendo las necesidades de cada apostolado. Una de las mayores alegrías fue reactivar los talleres de jóvenes y adultos, que usualmente son más difíciles de convocar. Esta vez, logramos una participación muy buena”.
“Participamos en la Misa todos los días, a la cual invitamos a la gente de Conesa para compartir ese momento juntos, y como acción de gracias por el día vivido”, comentó Milagros.
Necesitamos jóvenes que hagan conocer a Jesús
Los testimonios de los habitantes reflejan el impacto que estas misiones dejaron en las comunidades. Marta Casassa y Omar Ricardo, un matrimonio de Pergamino, expresaron: “Con mucha alegría abrimos la puerta de nuestro hogar a los jóvenes misioneros. Nos trajeron la Palabra de Dios, la oración y un corazón abierto para escuchar nuestras historias. Nos hicieron recordar nuestros años de juventud y reavivar nuestra esperanza. La sociedad de hoy necesita mucho de los jóvenes que hagan conocer a Jesús y a su gran madrecita María”.
Alicia Estanga, residente de General Conesa, también compartió su experiencia: “Durante los días que estuvieron acá, sentía una energía especial. Cada misionero dejó en los hogares un aire nuevo de esperanza y amor. Fue lindo recibir al Padre Adrián Meza, que nos brindó encuentros de formación. Solo me queda decirles: ¡Vuelvan pronto!”
Un año nuevo en Cristo
Lo que hace especial a la Misión de Verano es su coincidencia con el fin y el inicio de un nuevo año. “Terminar y empezar el año con Cristo es algo increíble. Reflexionamos sobre lo vivido, agradecemos las bendiciones y ponemos en sus manos lo que viene. Es un momento de oración muy íntimo y emocionante para comenzar un nuevo año”, expresó Santos.
Finalmente, Milagros Epelde compartió que los misioneros volvieron felices. “En sus rostros se veía la alegría que estaban experimentando en el corazón. La experiencia de todos fue similar, marcada por una profunda gratitud hacia Dios por los días vividos y las personas que tuvimos la bendición de conocer”.


