«Amar a Cristo es en buena medida dejarse amar por la Iglesia»

Compromisos a Plena Disponibilidad Apostólica a Perpetuidad de José Mauricio Vega Montoya

Nuestro hermano José Mauricio Vega Montoya emitió sus Compromisos a Plena Disponibilidad Apostólica a Perpetuidad en nuestra comunidad en una Santa Misa presidida por Mons. Noel Londoño, Obispo de Jericó, en la Parroquia Santa María de los Dolores, ubicada en Medellín, Colombia, el pasado 1 de octubre, Fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús.

Acompañaron a José Mauricio en esta celebración sus padres y familiares, José David Correa, nuestro Superior General, Renzo Pava, Superior Regional de Colombia, nuestros hermanos de las comunidades en Colombia y numerosos miembros de la familia espiritual en dicho país.

Durante la homilía Mons. Londoño resaltó que «lo que Mauricio hace hoy es reconocer a Jesús como el Señor entendiendo que Él es el más importante. Asimismo, destacó que el llamado en los Evangelios a ser como niños “es echar para adelante, pero por una conversión. Y así es este mensaje del Evangelio hay que recibirlo con simplicidad, con gozo».

Al final de la Santa Misa José Mauricio compartió una reflexión sobre lo que significa la Iglesia destacando así que «cada palabra tiene su extensión y comprensión. Pero esta palabra ‘Iglesia’ tiene una extensión especial. Amar a Cristo es en buena medida dejarse amar por la Iglesia, por el Cuerpo Místico de Cristo. Cuando entendí esto, mi vida cambió. Ser como niños significa, en buena medida, acoger a Cristo en todas las personas donde Él habita. Y Cristo nos visita todos los días».

«¿Cómo no ver la vitalidad de Cristo en ti, Mami?» Añadió José Mauricio en su reflexión compartiendo también sus experiencias de vida cristiana en su familia, «mamá, tú que me engendraste y que dijiste sí a la vida, en la formación y la educación de tus hijos, y que incansablemente me has mostrado el rostro de la misericordia viva de Dios y el rostro de la piedad de María… ¿Cómo no ver en los pies peregrinos de Cristo a mi papá? Que me ha mostrado el rostro trabajador de Dios… ¿Cómo no ver en las manos de Cristo a mis hermanos? Mis hermanos que fueron mi primera comunidad y que me enseñaron el don de la fraternidad».

Más adelante, nuestro hermano destacó la presencia de Cristo en su apostolado. «¿Cómo no ver en los ojos de Cristo a todas las personas en las que el Señor mismo fijó su mirada y que hoy me llama a servir con mi pobreza? ¿Cómo no escuchar en los oídos de Cristo los gritos de auxilio de un mundo que se desgarra y se destruye a sí mismo? ¿Cómo no escuchar en los oídos de Cristo a los más necesitados, perseguidos y enfermos?»


Añadió «¿Y cómo no ver en ese santo madero de Cristo a mi comunidad sodálite, a todos mis hermanos, sodálites? ¿Cómo no ver en ese santo madero en el que hemos ido todos juntos, clavados y crucificados con Cristo? Para poder decir hoy con Pablo y gritarle al mundo: ¡Vivimos, pero no somos nosotros, es Cristo quien vive en nosotros!»

José Mauricio finalizó sus palabras recordado que «esta es la Iglesia, el ‘Corpus Misticum’, que en medio de luces y sombras, le fue confiado una palabra que viene de lo alto, una palabra de salvación, una palabra del tamaño del cielo, una palabra que nos supera pero que está más viva que nunca».

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